Diario de León

Kia Carens 2.0 CRDi EXII, al gusto de aquí...

y seguro. Adopta un motor turbodiesel de 140 CV y su precio se sitúa en 23.850 euros.

Publicado por
JAVIER FERNÁNDEZ | texto
León

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Los coreanos de Kia se han «empeñado» en dar la batalla en uno de los segmentos emergentes del panorama europeo, el de los monovolúmenes compactos, con un producto que poco -o nada- tiene que ver con anteriores realizaciones. El nuevo Carens se presenta, estética y prácticamente, como un coche de aquí , con todo lo que esto lleva aparejado de batalla -estética y comercial- para sus enemigos naturales. Evidente salto cualitativo, aderezado con pinceladas estilísticas y salpimentado con mecánica de última hornada. Con estos mimbres, Kia propone un coche fácil de conducir, ágil y silencioso, a la altura de lo que debe -y tiene- ser un modelo actual. Eso, por no hablar de un también significativo aumento de envergadura: 55 milímetros suplementarios de longitud, 50 de anchura y 40 milímetros más alto lo que, como fácilmente puede adivinarse, redunda en beneficio de un habitáculo bastante más acogedor -por habitable- del que tenía la anterior versión del Carens con, incluso, la veleidad -perdón, posibilidad- de las 7 plazas si el usuario está dispuesto de desembolsar 450 euros, precio del par de asientos suplementarios escamoteables en la hipotética tercera fila. Y también dispuesto, desde luego, a perder entonces capacidad de maletero en aras de una supuesta mayor practicidad (¿) puntual puesto que, también se sabe, lo de las 7 plazas resulta ser, la mayoría de las veces, un argumento más «de salón» que auténticamente utilizable. Sea como fuere, el caso es que nuestro protagonista, en configuración normal de cinco plazas, ofrece unos generosos 430 litros de capacidad (ampliables a 2.106), tanto más generosos cuanto que el plano de carga es totalmente diáfano y plano con, además, unos compartimentos tabicados (hasta seis) bajo el piso... a condición de no llevar rueda de repuesto, bueno... En el interiorismo, por calidad de materiales y aspecto visual, el Carens gana enteros en relación a su antecesor, por mucho que el volante, regulable sólo en altura, siga conservando un tacto algo áspero que, también es verdad, acaba por olvidarse nada más que se giran las 2,8 vueltas de un dirección bastante desmultiplicada y precisa (sobre todo para tratarse de un nonovolumen). La postura de conducción es buena, aunque la banqueta de los asientos resulta un tanto corta. En contrapartida, enhorabuena a los ocupantes de la zona trasera, la plaza central posterior resulta perfectamente utilizable, tanto por la uniformidad de la banqueta como por ausencia de adminículos molestos en el respaldo. Apuntar, volviendo a la zona delantera, la profusión de huecos portaobjetos (incluso una cajonera bajo el asiento del copiloto y, lo mejor, la palanca de cambios situada ahora en una posición más cómoda y accesible muy en la filosofía monvolumen. El motor es, con mucho, lo mejor del Carens CRDi. Este conocido tetracilíndrico de 2.0 litros multiválvulas de rampa común, que sube su potencia hasta los 140 CV, resulta ser todo un prodigio de elasticidad (el turbo de geometría variable tiene bastante que ver), buen funcionamiento y baja rumorosidad. Empuja con autoridad desde los regímenes más bajos (prácticamente desde las 1.500 vueltas) hasta que su curva se queda plana alrededor de las 4.000 revoluciones ayudado, en buena medida, por la compensada caja manual de 6 velocidades, bien escalonada. Quizá demasiado salto entre segunda y tercera, y con una quinta tan versátil que «casi» nos hace olvidar una sexta pelín corta para lo que sería deseable lo que, unido al incremento de romana , puede llegar a penalizar ligeramente los consumos de un coche que, a velocidad «normal» de crucero -sin jugarse punto alguno... del carné- viene dejando la cifra de consumo medio levemente por encima de los siete litros (alrededor de 7,4) lo que nos permitirá rondar los 800 kilómetros sin visitas al surtidor. Tampoco se fíen, los saltos de la aguja del tanque de combustible podría darnos algún que otros susto. La suspensión independiente en las cuatro ruedas -herencia Magentis- propicia un comportamiento dinámico noble y aplomado, amén de unos frenos de caramelo , capaces de clavar materialmente el Carens cuando se necesita o de detenerlo, sin aspavientos, en el tránsito habitual. En suma que, por confortabilidad y condiciones ruteras, el Carens aprueba, incluso con nota, su puesta a punto general. Aunque tendente al alza, el precio es una de sus bazas, como también una estética y acabados ahora mucho más acordes con sus expectativas comerciales frente a sus enemigos naturales.

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