Diario de León

La defensa de la tierra: de Lovelock a Al Gore

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usted hace 30 años oyese decir a un científico que la Madre Tierra es un ser vivo que reacciona frente a los efectos de la contaminación humana, pensaría que tenía delante a un individuo fantasioso. En 1979, James Lovelock escribió Gaia, Una nueva mirada a la vida en la Tierra, ahora considerada la biblia del ecologismo. Este investigador no tardó mucho en demostrar sus teorías sobre la autorregulación del planeta, gracias a un detector de captura de electrones que le permitió hallar elementos tóxicos en los lugares más solitarios como la Antártida. De acuerdo con algunas fuentes documentales, este antiguo opositor al armamentismo nuclear ahora promueve el uso de energía nuclear. Piensa que es el único recurso para disminuir el abuso de los combustibles fósiles y evitar que el sistema atmosférico llegue a un punto sin retorno que lo desestabilice. En los ochenta, los meteorólogos empezaron a alarmarse con los datos climáticos que llegaban a sus estaciones. La prueba más visible era el retroceso de varios kilómetros de glaciares que permanecieron intactos miles de años. En la isla sur de Nueva Zelanda, el hielo se había derretido a mediados del siglo XX para formar lagos. Ahora, sólo quedaban pedruscos. La confirmación de la existencia de un agujero de ozono en el Polo Sur, a mediados de los noventa, llevó a la mayoría de los países a firmar el Protocolo de Kioto para reducir las emisiones contaminantes, sobre todo de los gases de efecto invernadero. Los políticos habían aceptado como un hecho consumado el calentamiento global y el cambio climático. Y los bañistas empezaron a atiborrarse de crema solar en las playas. Sin embargo, ese no era el único problema. Desde la crisis del petróleo de 1973, los estudios científicos empezaron a realizar proyecciones sobre la fecha en que se agotarían los combustibles fósiles. Uno de los que obtuvo mayor eco fue la teoría del pico de Hubbert, quien advirtió que dicho declive debería empezar en el 2007. El geofísico M. King Hubbert acertó de pleno al predecir correctamente el tope de la producción estadounidense con quince años de antelación. El propio ex vicepresidente Al Gore se ha convertido en otro gurú de la ecología al escribir un reciente libro La Tierra en juego, donde tira de las orejas a la Administración de su rival Bush. Pero quizás quien se lleve la palma sea el politólogo internacional Samuel Huntington. En su libro Choque de civilizaciones afirma que, en el siglo XXI, los principales conflictos se librarán entre civilizaciones como la cristiana, la árabe, la china o la budista. Pone como ejemplo la guerra de Yugoslavia de los noventa. Ya no habrá Estados-nación enfrentados por ideologías, como Estados Unidos contra la URSS comunista o las democracias de Inglaterra y Francia contra los Estados fascistas de Italia o la Alemania nazi. Ahora, los rivales serán bloques unidos por lazos culturales. ¿Les suena? Huntington replicaba así al peor futurólogo del mundo: Francis Fukuyama. Este aseguró, tras la caída del telón de acero, que el mundo se aproximaba al fin de la evolución de la historia y que la democracia occidental triunfaría.

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