Las garotas brasileñas, contra la talla 38
Una asociación brasileña presentó su nueva colección de ropa en un desfile paralelo al festival de la moda en Río para reivindicar sus derechos
En el desfile se presentó Puta arte, una colección inspirada en artistas universales que en el algún momento recurrieron a la prostitución como referencia de sus obras. Sobre la pasarela se vieron diseños basados en artistas como Picasso, Toulouse Lautrec o Gauguin, músicos como Chico Buarque o Sting y películas como Moulin Rouge, Cabaret o El ángel azul. La plantilla de Daspu está compuesta por prostitutas. Doce de ellas trabajan en un taller ubicado en un motel del barrio de Glória, en Río, y otras tantas ejercen como modelos en los desfiles. En un momento en que la anorexia crea debate en Brasil, ellas proponen patrones estéticos alejados de la talla 38. Pero también mezclan, intencionadamente, a prostitutas con modelos comunes en sus eventos: «Así queda claro que ser puta no se lleva en la frente, no es un estigma. ¿Quién puede decir a simple vista si alguien es prostituta?», se pregunta Leite. Daspu nació en junio del 2005 como proyecto sustentable para financiar la oenegé Davida, que agrupa desde hace veinte años a unas 4.000 prostitutas brasileñas. Lo que empezó siendo una serie de camisetas con mensaje reivindicativo se convirtió en una línea de moda. «Todo empezó medio en broma, pero ahora vemos que vamos por el buen camino», asevera Leite. Pero el fondo de la cuestión va más allá del dinero: «Existe un proyecto de ley que formaliza las relaciones de trabajo en la prostitución. En Brasil ofrecer servicios sexuales no está prohibido, pero sí cae en la ilegalidad el que gerencia el servicio. Queremos que ellos se conviertan en empresarios, como cualquiera, y así reducir la marginalidad que conlleva la ilegalidad», afirma Flávio Lenz, responsable de prensa de Daspu y director del periódico que editan, Beijo da Rúa. Como en Holanda y Alemania Esa ley sería un primer paso para la regularización total de la prostitución en Brasil, con estatuto salarial, seguridad social y todo lo que posee un trabajador en blanco. «Nuestros modelos son Holanda y Alemania», aclara Gabriela Leite. «Con lo que jugamos es con que la prostitución es un discurso universal, ahí no hay diferencias. Pero aquí damos la cara y tenemos voz», presume Lenz. «Somos putas y estamos orgullosas de serlo», concluye Leite, mientras preparaba un nuevo desfile en São Paulo este fin de semana. En el camino, como era de esperar, se han topado con las críticas de varios actores sociales: «Hace dos años sacamos un vídeo en el que se criticaba a la Iglesia por su posición ante el uso del preservativo. Las autoridades eclesiásticas consiguieron que la Justicia retirara el vídeo temporalmente. Es normal que actúe así, al fin y al cabo ellos tienen el discurso opuesto al nuestro, pero duele cuando también uno se enfrenta a la izquierda, que sigue pensando que la prostituta es una víctima, una mujer explotada. Nosotros queremos borrar ese preconcepto», apunta Lenz. No ha sido sólo la Iglesia, también la marca Daslu, a quien Daspu (apócope de das putas en portugués) satiriza con su nombre. Daslu es un centro comercial de alto standing en São Paulo. Hace unos meses emitieron un comunicado en el que amenazaban a la marca de las prostitutas con ejercer acciones legales si no cambiaban su nombre. La demanda nunca llegó, según ellas por el poder mediático adquirido, el mismo que les cede focos y flashes al mismo tiempo que un evento como el Fashion Río: «Por mucho que desfile Giselle Bundchen, nosotros sabemos que la gente nos sigue, aunque no nos inviten y tomen distancia respecto a nosotros. El año pasado el diario O Globo dedicó una página al Fashion Río, con foto de la Bundchen, y otra al lado con una gran foto de nuestra modelo más famosa, Jeanne Eloy. Eso para nosotros ya es una victoria», sopesa Leite. La siguiente y definitiva llegará, dicen, cuando se acaben los prejuicios y puedan hacer la calle con la misma aprobación que cuando lucen en la pasarela.