Es hora de que pidan perdón
Dos siglos después de que se suprimiese el tráfico de personas entre Inglaterra y EE.UU. tan sólo el estado de Virginia se ha disculpado públicamente por su participación en un comercio que privó de libertad a algo más de 10 millones de african
El primer ministro británico, Tony Blair, declaraba el pasado noviembre sentirse «profundamente avergonzado y con mucha pena en el corazón» por la implicación de su país en el comercio de esclavos que durante casi dos siglos enriqueció las arcas de Gran Bretaña y privó de libertad a más de diez millones de africanos. Sin embargo, el dirigente laborista dejaba en el tintero una palabra clave en su discurso: perdón. Con la resaca del colonialismo todavía en la memoria, y a pesar de las críticas lanzadas desde las organizaciones humanitarias, el imperio inglés se negaba a disculparse por su participación en uno de los capítulos más oscuros de la historia de la humanidad. No son los únicos. Cuando se cumple el 200 aniversario de la abolición del Tratado Atlántico de Esclavos, sólo el estado de Virginia (EE.UU.) ha alzado la voz para pedir perdón a los 500.000 ciudadanos que en su día fueron transportados ilegalmente al «nuevo continente». En la resolución, aprobada por unanimidad por todos los legisladores de la cámara, los políticos manifestaban su «profundo pesar por el papel que nuestro estado jugó en el comercio de esclavos» -a la vez que definían a la esclavitud como-«la más horrenda de todas las violaciones de los derechos humanos, así como del ideario fundador de nuestra nación». El decálogo del esclavo No es casualidad que fuese precisamente Virginia, cuna del presidente George Washington y uno de los 13 primeros estados fundadores, quien diese este primer paso conciliador. Cuentan las crónicas que fue allí, concretamente en Jamestown, donde llegaron los primeros comerciantes de esclavos en 1619. Dice la historia que la primera venta de humanos en EE.UU. la hizo un comerciante holandés, quien consiguió vender a varios esclavos africanos para que trabajaran en la casa de un terrateniente. Sin embargo, y aunque desde todas las perspectivas éste fue el comienzo real de la esclavitud, huno que esperar todavía otros 50 años para que el comercio de personas fuera legal al norte de río Bravo. La legitimación oficial llegaba en 1650 con el primero de los llamados Códigos de la esclavitud, casi todos ellos elaborados también en el estado de Virginia. Estos decálogos determinaron qué debía ser considerado como un «esclavo» hasta la abolición de la servidumbre obligatoria en 1861. Así pues, si bien al principio se determinaba la condición de esclavo dependiendo de en qué régimen de libertad viva la madre del niño, esta concepción fue evolucionando con los años hasta otras más refinadas como: «Se considerará susceptible de servir como esclavo a cualquier negro, indio o mulato cuyos antepasados hayan sido traídos a la fuerza a Estados Unidos» o «a cualquier persona que no haya nacido cristiano en su país de origen». El código de los esclavos regulaba igualmente la relación que los patronos podían tener con su mercancía -«Es legal y comprensible el uso de la fuerza o incluso el asesinato de uno de los esclavos si éstos tienen la intención de huir o dan señal alguna de rebelión ante los patronos»- se podía leer en la última versión del Código firmada en 1705. En el capítulo de disculpas, el banco estadounidense JP Morgan Chase presentó las suyas hace unos meses por haber colaborado con la esclavitud en el sur de EE.UU. durante el siglo XIX. «Presentamos nuestras excusas al público americano, y particularmente a los afroamericanos, por el papel que el Citizens Bank y el Canal Bank (dos antepasados del Chase) jugaron en ese perÍodo)», dice el grupo bancario en un comunicado hecho público. JP Morgan Chase explica haber realizado recientemente una investigación que demostró que, en Luisiana, entre 1831 y 1865, Citizens Bank y Canal Bank aceptaron tomar a 13.000 esclavos como garantía de préstamos y tomaron posesión de 1.250 de ellos cuando los propietarios de las plantaciones no pudieron devolver sus deudas.