La Familia Real rinde culto al Cristo La devoción a Jesús Cautivo, Rescatado, de Medinaceli La mirada que impresiona El estudio
JESÚS F. SALVADORES
Alrededor de 40.000 personas besan los pies del Cristo de Medinaceli el primer viernes del mes de marzo y unas 200.000 las que pasan ese día por la Basílica, según se puede leer en el libro del padre Domigo Fernández, «Historia del Cristo de Medinaceli». Son legión los fieles que acuden a rezar en espera de que se les conceda un milagro. La Familia Real no falta ningún año a la cita con el que está considerado el más milagroso. Jesús cautivo, abandonado, rescatado, de Medinaceli forma parte, en la actualidad, de una de las cofradías que realizan su procesión o su «estación de penitencia» durante los días de Semana Santa. La primera consideración que debo proponer es que la devoción a la pasión y muerte de Jesús no cobra fuerza hasta que san Francisco de Asís (1181-1227), siglo XIII, se siente completamente identificado con la humanidad de Jesús, sin negar para nada, todo lo contrario, su divinidad. Jesús es hombre, verdadero e íntegro hombre, por eso puede sufrir a lo largo de toda su vida, padecer una larga pasión y morir. A lo largo de los siglos XIV y XV se desarrolla esta devoción bajo diferentes aspectos. Hacia 1525, no antes, están en la calle las procesiones de Semana Santa organizadas por sus cofradías respectivas. He dedicado más directamente mi investigación en los últimos veinte años a estudiar el origen de estas cofradías. Durante bastante tiempo he sido partidario (y lo sigo siendo en parte) de que esta devoción y cofradías se originan por el culto y devoción a la Cruz, en un largo proceso que va desde el culto a la Cruz Gloriosa, a la Vera o Verdadera Cruz (siglos IV al VI) a la Cruz Pasional, donde Jesús muere, finales del siglo XV, comienzos del XVI. Poco a poco me he ido convenciendo de que existe una devoción anterior o concomitante, fuerte, profunda que ha podido ser la causante de la transformación del culto a la Cruz de gloriosa a pasional y de la aparición de las otras devociones y cofradías de la Pasión de Jesús, es el culto y la devoción a la sangre de Cristo, especialmente a la Sangre derramada por Jesús durante su Pasión. Mi propósito en la ponencia que presento en el próximo congreso a celebrar en León en los días 27 a 29 de abril es demostrar que el culto a la Sangre de Cristo ha estado presente en el origen de las devociones y cofradías en torno a Jesús azotado, coronado de espinas y burlado por los soldados, presentado al pueblo (Ecce Homo), Jesús de la humildad y paciencia que ha llegado a la cima del Calvario y espera, desnudo, pacientemente sentado sobre una piedra que lo crucifiquen. Esta sería, según mi opinión, la imagen más exacta del Jesús cautivo, humillado, abandonado. No puedo negar que en el origen de la devoción de Jesús cautivo tuvo especial influencia el fenómeno de los cautivos, para cuya redención se fundaron dos órdenes religiosas: Trinitarios (siglo XII ) y Mercedarios (siglo XIII). Son muchos los devotos que cada día pasan ante Jesús de Medinaceli «del Silencio». Ante su imagen se paran, lo miran. Sus manos atadas como un cautivo estremecen, sus pies se desgastan con los besos, sus ojos, casi cerrados, misterioros, pero acogedores. Le miramos y nos mira. Son los ojos de Dios. Es una mirada que impresiona, es el corazón, que se asoma por ella, que nos mira, nos reconoce, nos llama, es el Cristo de Medinaceli, tu Cristo, también llamado del Rescate o Cautivo. En la misión de los Padres Capuchinos, en Mármora, en el norte de África, presidía la iglesia el 30 de abril de 1681. El emperador de fez se apoderó de la plaza haciendo cautivos a todos los misioneros y soldados, profanando la imagen de Jesús. Fue rescatado en el año 1682, volviendo a España y , desde 1691, se venera en Madrid, aunque en 1936 padeció otro cautiverio y destierro, siendo rescatado nuevamente el 15 de mayo de 1939, que peregrinó desde Ginebra hasta Madrid. En los borrascosos años treinta, con persecuciones, muertes, incendios de iglesias y conventos, se temía que el Cristo de Medinaceli de Madrid fuera profanado o destruido. Pensando en la posibilidad de su desaparición y a la vista de la llegada de los primeros nubarrones, la comunidad decició hacer una copia exacta del nazareno y ternerlo en reserva por lo que pudiera suceder. Se encargó la obra en el siglo XX, según los expertos, al escultor compostelano Asorey. Según rezan las notas de la época es de cuerpo entero de madera de ébano y, esta imagen es la que en la actualidad se venera en León. Por los años cincuenta el padre Javier de Valladolid y la comunidad franciscana deciden sacarle al culto en la iglesia de San Francisco, dedicándole un altar y lo incorporan a la Procesión del Silencio, sólo para hombres, causando un gran impacto. Desde entonces la imagen de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli «del silencio» procesiona todos los años por las calles de león el Miércoles Santo con la cofradía del Santísimo Cristo de la Expiración y del Silencio. Su devoción en León cada vez es más popular, especialmente el primer viernes de marzo, tiempo ya de Cuaresma, donde son numerosos los devotos que pasan ante la imagen de Jesús a besar los pies. Paz y Bien. El padre Domingo Fernández Villa, superior de los Hermanos Capuchinos de León es un estudioso de la figura del Cristo de Medinaceli. Ha escrito varios libros sobre la advocación y la historia de una de las vocaciones más arraigadas en los fieles. «Jesús sigue multiplicando milagros, las colas ante su imagen lo atentiguan», escribe.