Cita con?investigadores? de prestigio León, capital de congresos Invita a la conversión Una escultura contemporánea se une al hecho religioso Comienzo de una relación secular

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León

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León se halla a las puertas de la celebración de un encuentro de prestigiosos investigadores dedicados a temas cofrades. Su enfoque será de carácter monográfico centrado en el estudio de la devoción, de la imagen y de aspectos relacionados con Jesús Nazareno, Cautivo, Rescatado, de Medinaceli. Este evento, muy relevante en lo científico, significa un aporte más al habitual prestigioso elenco congresual del que por fortuna disfruta nuestra ciudad. Pero lo interesante de esta reunión sociológicamente radica además en su temática cofradiera. Gracias a ella, nuestra urbe dispondrá de la espléndida oportunidad de acoger a cofrades de otras latitudes. En su seno, seguro que se planteará un foro donde la presentación, el debate y el contraste entre lo relativo a la Semana Santa hallarán un espacio óptimo para su debate entre los asistentes. Si lo difícil en este tipo de eventos es la continuidad, estamos ante un exponente del género que basa su prestigio en haber mantenido puntualmente durante catorce años sus ediciones bianuales y que cuenta además con candidatos a velar por su continuidad futura, como es el caso de Zaragoza. Haber conseguido traer la sede de una de las ediciones de este consolidado congreso a León, representa un éxito tanto para la capital como para la cofradía organizadora. Máxime cuando se trata de la más pequeña de las locales: nuestra humilde, austera y respetada paisana Cofradía del Sanísimo Cristo de la Expiración y el Silencio, radicada en el Convento de San Francisco El Real y encargada de procesionar la imagen correspondiente a esta devoción. Estamos pues ante cuatro años de árduo trabajo sobre un proyecto que ha ido amoldando su ambicioso planteamiento inicial a las muchas dificultades - de financiación y apoyo privado local e institucional, logísticas, humanas, desprecios, agravios comparativos, etc.- que le han salido al paso. Circunstancias que, lamentablemente para nuestra vergüenza, suelen ser habituales en la mayoría de iniciativas de todo orden promovidas o surgidas en nuestra provincia y que contribuyen honrosamente a compensar el elenco de colaboradores privados e institucionales que si han avalado nuestro proyecto. Gracias a ambos grupos y en especial al altruista segundo. Fruto de toda esta labor ofrecemos nuestro proyecto actual de congreso. Una edición modelada a su realidad que, a pesar de los pesares, esperamos se confirme en una mas que digna propuesta congresual a nivel nacional. Propuesta que entraña añadida una gran responsabilidad para esta cofradía pues, con ella, esperamos que se contribuya a devolver la buena reputación que merece nuestra ciudad y nuestro entorno cofrade ante el resto del territorio español, tras en su día haber resultado la honorabilidad local algo cuestionada en base a desafortunadas actuaciones pretéritas. Periplo histórico Los congresos de Nacionales de Cofradías vinculadas al la devoción de Jesús Nazareno Cautivo, Rescatado, de Medinaceli, arrancan en 1995 su primera edición por iniciativa de la Archicofradía abulense dedicada a esta devoción, avalada por monseñor Cañizares, actual Cardenal Primado y entonces pastor de la diócesis de Ávila. Estos eventos, en su origen fueron planteados con carácter bianual desde perspectivas de encuentro cofrade. Con el paso de las ediciones, sin renunciar a ese espíritu de confraternidad cristiana, desde sus respectivos comités organizadores se ha ido haciendo necesario también el establecimiento paralelo de un ámbito oportuno para el desarrollo de otros aspectos que, igualmente, justifiquen tal denominación igualmente desde el natural espacio científico que le corresponde por derecho. En el 2001 y durante el IV Congreso de Valencia, se fijaron postulados seguir a este respecto, como la constitución de un órgano inter-congresal que se encargue de ir dando forma a los mismos y de establecer vínculos, planteados en planos de intervención mas oficialmente comprometidos, con instituciones públicas o privadas relativas al asunto, entre las que destacaba la Fundación Casa Ducal de Medinaceli. Edición a edición, este comité rector ha ido tomando cuerpo y especialmente durante los dos últimos años, obligado periodo del protagonismo de nuestra cofradía leonesa, ha perfilado y cerrado su primer periodo en el desarrollo de su plenitud constitutiva como órgano colegiado. En el ámbito científico e investigador, el proceso ha sido creciente en calidad tanto en lo formal como en contenidos. En la precedente VI edición en Cuenca en abril del 2005, el planteamiento desde todas las perspectivas se ha ajustado ya a los normales modus operandi de este tipo de reuniones científicas. Se ha consolidado el rango académico científico que le corresponde. En lo relativo a la eficacia de sus organizadores conquenses, especial mención merece la entrega en mano de las actas oficiales a los congresistas. Reto difícil para sus continuadores. León se erige por méritos propios, en capital receptora de numerosos Encuentros y Congresos de variado signo y entidad, bien sea en el ámbito científico, cultural, humanístico o artístico. Igualmente, resulta habitual comprobar la cualificada presencia de algunos leoneses motivados por los temas suscitados en dichos eventos: entre ellos, figuran sin duda, el entorno histórico, religioso y patrimonial, junto a la proyección y divulgación de las Hermandades y Cofradías penitenciales como asociaciones integradas en la actual sociedad. Recién transcurrida la pasada y aún reciente edición de la Semana Santa leonesa, nos encontramos con la convocatoria próxima del VII Congreso Científico y Encuentro Nacional de Cofradías Dedicadas a las advocaciones de Jesús Nazareno, Cautivo, Rescatado y de Medinaceli en su amplia dimensionalidad, tanto en versión científica como cofrade. Aún perdura en el ambiente de la capital leonesa, los últimos resortes de las numerosas bandas de trompetas y tambores, receptoras algunas, de los últimos estrenos musicales, así como de las postreras novedades y enseres procesionaldes. Destacable es el capítulo dedicado a la intervención y restauración imaginera, junto a la participación externa en las diversas salidas procesionales que han embellecido y complementado los días grandes de la considerada Semana Mayor leonesa. En líneas generales, tan sólo cabe manifestar el prematuro exceso de triunfalismo ante la dificultosa y controvertida metereológica que hizo acto de presencia en numerosas localidades y, en buena parte de la geografía española. Sin embargo, en la ciudad de León, con sus habitantes y visitantes a la cabeza pudieron disfrutar, a pesar de tan negativos presagios de la requerida puesta en escena pasional que contó con la masiva asistencia de cofrades en las distintas procesiones convocadas al efecto. Por todo ello, y a modo de anticipado y esperado colofón, figura la convocatoria del Encuentro y Congreso de Medinaceli, que cuenta con el apoyo de la homónima Fundación Casa Ducal. La misma, se erige en miembro permanente y de pleno derecho del Comité de Honor de los respectivos Congresos Nacionales de Cofradías penitenciales, vinculados con dicha advocación, que tiene como titular, a la sagrada y devocional imagen de Jesús de Medinaceli. Desde antiguo son miles los fieles y devotos que se arrodillan a diario ante sus pies y besan sus milagrosas manos en su templo madrileño de Jesús, administrado al igual que, en León por los Capuchinos, herederos de la amplia labor social desarrollada en un principio por los padres trinitarios. Desde tierras africanas y envuelta entre la historia y la leyenda, la imagen fue rescatada para pasar desde Ceuta a Sevilla, y de allí hasta Madrid, a finales del siglo XVII. Desgraciado exilio La talla es atribuida a la escuela hispalense, aunque carece de la pertienente documentación y paternidad escultórica. La guerra civil volvió a ocasionar de nuevo el desgraciado exilio de la misma, con salida de Madrid para recalar hasta Ginebra, desde donde regresaría para ser definitivamente entronizada en su templo titular, constituyendo desde entonces, permanente emblema devocional de la capital del Reino. La Cofradía titular leonesa del Santísimo Crissto de la Expiración y del Silencio, vinculada al convento capuchino de San Francisco el Real, sagrado recinto en la que se erigen talla y Cofradía es la emcargada de organizar este VII Congreso Nacional Cofrade convocado para las jornadas del 27 al 29 del presente mes de abril. Las previstas y sucesivas sesiones académicas quedan integradas en distintas secciones encuadradas en los temas de Teolología, Ciencias Sociales, Arte e Historia. Son muchas las ponencias que conformarán en su día, el voluminoso Libro de Actas, referente bibliográfico para blibliotecas y universidades que, sin duda, constituirán directo referente para muchos eventos congresuales destinados a ensalzar, divulgar y mejor conocer la historia, devoción y actual realidad de las Cofradías advocadas de Nuestro Padre Jesús, en su advocación de Medinaceli, Cautivo y Rescatado. El Congreso contará con un amplio comité científico, coordinado por Héctor Luis Suárez Pérez y, a dicho foro congresual, se espera la puntual y masiva participación de numerosos ponentes y asistentes que, llenarán de colorido cofrade, las calles y plazas leonesas en los últimos días de abril e inicios del florido mes de mayo. La imagen de Jesús Nazareno, Cautivo y Rescatado, llamado también Cristo de Medinaceli, es una talla en madera de principios del siglo XVII. De escuela sevillana, fue encargada por los Capuchinos de Andalucía a los grandes escultores de la época: Juan de Mesa o alguno de sus discípulos: Luis de la Peña o Francisco de Ocampo. Los Capuchinos la llevaron hasta la plaza fuerte de Mámora (Marruecos) para culto de los soldados españoles que defendían dicho emplazamiento militar. En l681 los moros reconquistan la fortaleza y hacen cautivos a soldados e imágenes. Los Trinitarios la rescatan y la traen a Madrid donde llega en agosto de 1682. Se hace una procesión general donde asiste todo el pueblo de Madrid, la nobleza y los mismos reyes Carlos II y María Luisa de Orleáns. Desde ese día Jesús Nazareno se gana el corazón de los madrileños, y comienza un amor y una devoción que ha ido en aumento constante. Con la supresión de las Ordenes religiosas en el siglo XIX, la Imagen ha tenido que peregrinar a distintas iglesias madrileñas regidas por sacerdotes seculares: San martín, San Sebastián... El 8 de junio de 1895 los Duques de Medinaceli entregan la Capilla de Jesús, con la Imagen, a los Capuchinos de Castilla, que se encargan de promover su devoción y culto. Durante la Guerra civil española la Imagen viaja nuevamente. Recorre el Levante español, Cataluña, sur de Francia y finalmente Ginebra (Suiza) donde se organiza una gran Exposición con las principales obras de arte de nuestra nación. Terminada la guerra regresa a Madrid donde recibe el cariño y amor de los madrileños. Actualmente son más de dos millones -de la capital y provincias- los que visitan al año esta Imagen de Jesús que impresiona e invita a la conversión. El escultor Venancio Blanco (Salamanca 1923) es el autor de la escultura que los organizadores han elegido como imagen del congreso. Una obra de hierro realizada por el autor en el año 1963 encargo de la parroquia de San Lorenzo de El escorial. La imagen contemporánea del Cristo no gustó a los religiosos por lo que el autor se quedó con la obra, que desde entonces no ha dejado de cosechar premios y reconocimientos en los escenarios escultóricos en los que ha estado expuesta, como la medalla de oro que le concedió el jurado de la Bienal de Salzburgo. La obra está en el estudio del autor, que ha rechazado las ofertas de los compradores. «Me hace ilusión de que haya sido elegida para presidir un congreso tan importante», asegura Venancio Blanco. El autor describe su obra: «Es vertical, tiene una gran serenidad, une sus manos, atada, por delante del pecho, que deja un hueco, un espacio en el que le gustaría estar a mucha gente, esa es la serenidad que ofrece». Blanco se inspiró en el Cristo de Medinaceli de Madrid para crear su obra. «Recoge toda la tradición desde un signo contemporáneo. Incorpora al hecho religioso una escultura contemporánea». En la sorprendente historia de la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno Cautivo y Rescatado de Madrid, popularmente conocido como Cristo de Medinaceli, siempre han existido algunos aspectos poco explicados que, por puro rigor histórico, y aún no siendo nuevos, conviene tener en cuenta para entender la vinculación que a lo largo de los siglos se ha mantenido entre esta venerada imagen y los titulares de una de las más importantes casas nobiliarias españolas, la Casa Ducal de Medinaceli. En agosto de 1682, llegaban a Madrid las imágenes rescatadas por los Padres Trinitarios que pertenecieron a la iglesia de Mámora, plaza perdida por España en la costa atlántica marroquí. El hecho, que se revistió de cierta solemnidad, contó con los mayores apoyos institucionales, no solo por la aportación económica que a tal fin realizó la corona, sino porque el patronazgo de las imágenes rescatadas se distribuyó entre las principales autoridades de la monarquía. Puede decirse que se pretendió transformar una derrota de nuestras armas en triunfo y, aunque los problemas del país no daban tregua, el respiro que supuso la paz con Francia (Nimega, 1679) y las perspectivas de recuperación que se crearon entonces, favoreció el impulso de actos de índole festivo y popular como éste. Al poner especial atención en el VIII duque de Medinaceli, Juan Francisco de la Cerda, sabemos que, por su cargo como Primer Ministro del rey Carlos II, tuvo una decisiva intervención en los hechos que aquí referimos y, muestra de ello, fue que la imagen más valiosa de cuantas fueron rescatadas, fue trasladada al convento de los Padres Trinitarios de Madrid, edificio anejo a su residencia, el palacio del Paseo del Prado, que era patronato de la Casa por su matrimonio con la V duquesa de Lerma, Catalina Antonia de Aragón y Sandoval. La fusión de las casas de Medinaceli y Lerma a través aquel matrimonio llevó a la cumbre de la monarquía al máximo exponente de la estirpe «de la Cerda», que descendía del príncipe Fernando de la Cerda, primogénito de Alfonso X el Sabio, cuyos hijos vivieron la usurpación de sus derechos a la Corona por parte de su tío, Sancho IV, a fines del siglo XIII. Posteriormente, Enrique II les concedió el título de condes de Medinaceli, en 1368, y los Reyes Católicos elevaran este título a ducado en 1479. En cuanto al patrimonio de la Casa de Lerma que heredó Catalina Antonia de Aragón y Sandoval, hemos de destacar el sentido de continuidad institucional que dio al mismo el duque de Medinaceli, en cuanto fue capaz de asumir plenamente los intereses de su familia política. Prueba de ello fue haber convertido en residencia habitual el complejo palaciego-monástico creado por los duques de Lerma, sobre todo por Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, valido de Felipe III y tatarabuelo de su esposa. El monumental palacio que miraba al Paseo del Prado y a la Carrera de San Jerónimo (hoy desaparecido), se hallaba rodeado por numerosas fundaciones religiosas, entre las que, curiosamente, se encontraba un convento de Padres Capuchinos (San Antonio del Prado) y otro de Padres Trinitarios Descalzos, congregaciones que, desde su origen, se disputaron la imagen, y que, sin embargo, ambas han tenido en su seno.

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