Calamares en el barrio Romántico
El Saint Román ha recuperado uno de los bares más clásicos del casco antiguo 1397124194
En los años cincuenta del pasado siglo, apenas superadas las tremendas décadas del hambre, en el que después se denominaría Barrio Romántico, (nombre que se debe a la inspiración del catedrático de Historia del Arte en la Universidad de Toledo, Fernando Llamazares) el mayor atractivo culinario eran los bocadillos de calamares fritos. Los hacían maravillosamente en el bar Madrid , en La Esponja y, especialmente, en el San Román, situado estratégicamente en la esquina de las calles de López Castrillón y de las Recoletas. La mayor curiosidad del establecimiento, regentado entonces por un hombre fornido y de no muy alta estatura, era su letrero. Se trataba de una muestra comercial realizada con gran esmero por un estupendo profesional que consiguió que al ir caminando el viandante leyera, primero, bar San Román y, a continuación, bocadillos de calamares. Y todo sin alardes electrónicos, solamente con la técnica de un buen profesional de la rotulación. Había curiosos que se pasaban diez minutos comprobando el milagro. Para saber que uno estaba frente a este peculiar establecimiento no hacía falta abrir los ojos, el aroma peculiar de los calares no dejaba lugar a la duda. Pero el San Román , culinariamente hablando, era mucho mas, tenía a disposición del público toda clase de raciones típicas, mollejas, callos, cecina de chivo¿ manteniendo dura competencia con El Bodegón y la Viña H , los dos en la cercana calle del Cid, porque el Madrid , de la calle de Cervantes, prestaba más atención al marisco. Pero no debemos olvidarnos del Valdepeñas, en la recoleta plaza de Torres de Omaña, que también servía suculentas meriendas a los pocos que entonces se las podían permitir. Pues bien, han pasado los años y han sido varios los dueños de este veterano establecimiento hostelero. Hasta que ahora, en el tiempo de la modernidad, el viejo San Román, se ha convertido, consecuencias de nuestro ingreso en Europa, en Saint Román, bajo la dirección de un profesional de toda la vida, Isidro Díez. En el Saint Román , se sigue pudiendo comer raciones tradicionales, calamares, croquetas, pulpo, langostinos, gambas, pescaditos fritos¿ y hasta serias comidas por encargo. El renovado establecimiento se denomina snack bar, y cuenta Isidro que es la consecuencia de muchos años de trabajo en hostelería. «He estado toda la vida detrás de un mostrador por cuenta de otros, y ahora ha llegado el momento de ser empresario, de hacer lo que de verdad me gusta». El establecimiento tiene una primera orientación gastronómica que se complementa, por ejemplo, con una extraordinaria cartas de cafés: Bombón, Capuchino, Belmonte, Quemadillo, Carajillo, Vienés, Irlandés, Cubano, Jamaicano, Oro y¿ Saint Román, cuyos ingredientes son absolutamente secretos. Como pueden ver los hay para todos los gustos, y si alguien está de los nervios, los pueden elaborar también con descafeinado. No se puede pedir más. El Saint Román , cuando llega la noche, se convierte en bar de copas y para poner en valor este capítulo también tiene una larga carta de cócteles, Martín dry, Bloody Mary, Mojito, Piña Colada, Agua de Valencia¿ y como en los cafés, el de la casa, cuyos ingredientes son también una sorpresa. Un local estupendamente recuperado, que no ha perdido nada de su antiguo sabor, y que se convertido en uno de los faros de la modernidad gastronómica en el Barrio Romántico. Una estupenda selección de vinos, de las mejores denominaciones de origen, completa la oferta de este singular establecimiento hostelero.