Diario de León

El Mediterráneo pierde al año el 5% de las praderas submarinas

Son ecosistemas claves en el mantenimiento de la biodiversidad de los océanos. Generan grandes cantidades de materia orgánica y oxígeno, fijan los sedimentos y protegen a la costa frente a la erosión

Publicado por
M. M. ALLER | texto
León

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Las praderas submarinas constituyen un ecosistema clave en el mantenimiento de la biodiversidad de los océanos. Por desgracia, atraviesan una situación de «crisis global» debido al impacto producido por los cambios físicos, biológicos y químicos que se producen en las aguas costeras. Sólo las del litoral mediterráneo se reducen cada año entre un 3 y un 5%, y en las cuatro últimas décadas han perdido el 50% de su superficie. Así se afirma en el informe «Praderas sumergidas», realizado por la organización conservacionista Oceana, en colaboración con la Fundación Santander, cuyo objetivo es que estos hábitats de alto valor ecológico estén mejor protegidos por la legislación europea. Para ello, el documento se presentará a lo largo de este año ante Bruselas para tratar que las autoridades europeas les concedan un respaldo legal que asegure su conservación. El estudio se realizó durante el pasado mes de agosto a bordo del barco Oceana Ranger que recorrió las costas de las Comunidades de Valencia, Murcia y Andalucía, y el resultado ha sido bastante descorazonador. Las artes de pesca destructivas, en especial el arrastre de fondo ilegal, y las dragas, los fondeos de las embarcaciones, las construcciones litorales, la regeneración de playas, los puertos deportivos y comerciales o los espigones suelen ocupar importantes extensiones de estas praderas, alterando los regímenes de corrientes y la sedimentación costera, y dando lugar al enterramiento (o desenterramiento) de las plantas y por lo tanto a la desaparición de las mismas. Contaminación Todo ello sin olvidar la contaminación procedente de urbanizaciones y núcleos urbanos costeros. Los vertidos son transportados por los ríos y a ellos se suman los del tráfico marítimo que pueden generar efectos tóxicos sobre plantas y demás organismos que viven en este ecosistema. El resultado es un incremento de la turbidez del agua que limita la distribución de estas praderas al ver reducida la cantidad de luz que penetra en el agua, disminuyendo su capacidad fotosintética. Existen otras amenazas globales como el cambio climático, que puede provocar modificaciones en la composición físico-química del agua y los sedimentos, o la tendencia del asentamiento de especies exóticas que compiten con las fanerógamas marinas por el mismo nicho ecológico. Desde Oceana se indica que la ausencia de una legislación adecuada también representa una fuerte amenaza para estas especies a causa de una falta de instrumentos jurídicos de protección efectivos. Aunque las praderas están compuestas por más de 60 especies de fanerógamas marinas, sólo la Posidonia oceanica está incluida como hábitat prioritario en la Directiva Hábitat. Las demás, pese a su valor económico, social y ecológico no gozan de esta protección. Por ello, el trabajo de investigación de Oceana tiene como objetivo lograr la protección de estas especies y contribuir a la recuperación de estos ecosistemas, claves en el litoral europeo. 500.000 kilómetros cuadrados Se calcula que las praderas submarinas ocupan cerca de medio millón de kilómetros cuadrados entre los 40 metros de profundidad y la línea de costa y desempeñan un papel muy importante en la conservación de los ecosistemas, al ser el hábitat de más de 300 especies, a las que proveen de oxígeno. Tienen, además, gran capacidad para filtrar partículas en suspensión contribuyendo a depurar el agua y a acelerar el proceso regenerativo (sedimentación) de las playas. Su conservación tiene consecuencias irreversibles para la biodiversidad y su recuperación necesita de varios cientos de años. En una reciente investigación realizada por un equipo multidisciplinar del CSIC, se afirma que las praderas de Posidonia oceanica del Mediterráneo podrían almacenar unos 90 millones de toneladas de dióxido de carbono. La reserva de carbono asociada a los sedimentos de estas praderas a lo largo del tiempo podría alcanzar los 2.800 millones de toneladas, lo que equivale a unos 11 años de emisiones de CO 2 de la Europa occidental, o bien al 0,6% de todo el carbono orgánico acumulado en los suelos del planeta.

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