SERVICIO DE BIBLIOTECAS MANUEL B. COSSÍO LA HERENCIA JOAQUÍN LÓPEZ-CONTRERAS | PRESIDENTE F. SIERRA-PAMBLEY
Más de medio millón de libros llegaron a 5.522 aldeas olvidadas La máxima autoridad pedagógica de España Cuando el campesino fue ciudadano «Hace mucha falta fomentar la vocación entre el profesorado»
|||| El servicio de Bibliotecas fue el más mimado económicamente por las Misiones Pedagógicas, que dedicaron el 60% de su presupuesto a dotar con más de medio millón de libros 5.522 aldeas hasta 1936. Hasta los fareros de Menorca solicitaron y consiguieron una biblioteca. La realidad de la España que amaneció a la república era un erial en este terreno: sólo Cataluña tenía servicio de bibliotecas, mientras que en el resto del país las existentes -muy pocas- estaban atiborradas de viejos ejemplares en latín procedentes de las desamortizaciones eclesiásticas. El libro, considerado un «arma poderosa» de transformación social. Así que se empeñaron en recorrer España y exponer en reuniones públicas lo que significa una biblioteca y estimular a los alcaldes. Una treintañera María Moliner -autora del diccionario que el Instituto Cervantes edita ahora en su tercera edición- se enroló en las misiones a través de este servicio, que ella dirigió en Valencia. Fue ella quien propuso, pocas semanas antes del 18 de julio del 36, que el vecindario colaborara en el mantenimiento de las bibliotecas para que no quedaran abandonadas si el maestro o maestra eran trasladados; también ideó la creación de tres tipos de bibliotecas (escolares, rurales con sección infantil y mixtas) y propuso, para ganar más adeptos a los libros, rotular las puertas con el cartel «Biblioteca Pública» y crear asociaciones de fomento de la lectura. |||| El 6 de agosto de 1931 fue publicado el decreto de creación del Patronato de Misiones Pedagógicas. Manuel Bartolomé Cossío, muy ligado a León a través de la Fundación Sierra-Pambley, fue nombrado su presidente. A finales del siglo XIX, Cossío y Giner de los Ríos animaron a don Paco Sierra-Pambley a abrir una Escuela Agrícola Mercantil a Villablino, lo que fraguaron en un viaje que hicieron los tres juntos a Laciana. Cossío llegó a presidir la fundación, que le rinde homenaje con una sala de exposiciones gratuíta, dentro del museo de la casa Sierra-Pambley y guarda la memoria de la labor pedagógica de don Paco en León y Zamora. Fue el primer ciudadano de honor de la segunda república y sólo Unamuno obtuvo después el mismo título, lo que da idea del gran respeto que se tenía por él en España. Cossío, riojano de nacimiento, fue presidente de las Misiones Pedagógicas hasta su muerte en 1935. Junto a él estuvieron en el patronato Domingo Barnés, como vicepresidente, Luis Álvarez Santullano, como secretario (hasta 1934), y como vocales José Ballester, Francisco Barnés, Luis Bello (autor de un informe sobre las escuelas en León en los años 20), Amparo Cebrián, Óscar Esplá, Rodolfo Llopis, Ángel Llorca, Antonio Machado, Lucio Martínez Gil, María Luisa Navarro, Marcelino Pascua, Enrique Rioja, Pedro Salinas y Juan Uña. Las Misiones Pedagógicas se instalaron en un local de Museo Pedagógico, del que Cossío fue director en 1883. Fue también el primer catedrático en Pedagogía en la Universidad española en 1904 y consejero de educación en 1921. Era considerado, desde comienzos del siglo XX, la principal autoridad pedagógica de España y se supo rodear de una tupida red de «relaciones con educadores inquietos». |||| «Las Misiones Pedagógicas desmienten la leyenda de que la Institución Libre de Enseñanza fue una institución elitista, otra cosa es que buscara la transformación de la sociedad a partir del desarrollo de una nueva élite», subraya Graciliano Palomo, coordinador general de la exposición en León y patrono de la Fundación Sierra-Pambley. El presidente de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, José García Velasco, que asiste mañana a la inauguración en el Museo de León subraya, en este sentido, que una de las aportaciones más importantes de las Misiones Pedagógicas fue «el reconocimiento que hizo de los campesinos como ciudadanos con plenitud de derechos y del valor que para la construcción de la «nueva España» atesoraban parte de los conocimientos y costumbres conservados en el mundo rural». Además, procuraron, en medio de una España triste y tétrica, que la cultura además de disciplina, fuera una fiesta. La exposición es un homenaje a Cossío y a la memoria misionera en León, y puede servir, según Palomo, para reflexionar sobre «la enseñanza en sentido amplio y sus agentes principales, que son los profesionales de la educación, especialmente los que trabajan en las primeras etapas, porque son un elemento esencial de construcción social». Conocer los métodos y los objetivos de las misiones pedagógicas a través de esta muestra es un motivo también para repensar «el modelo de cultura consumista que llevan hoy a los pueblos las televisiones». |||| Joaquín López-Contreras es el presidente de la Fundación Sierra-Pambley desde hace más de dos décadas. Conoció la obra y la trascendencia de las Misiones Pedagógicas de primera mano gracias a su amistad con Justino Azcárate. La exposición no es sólo un acto de recuperación de la memoria histórica, subraya, sino también un momento para reflexionar sobre el espíritu que movió aquella obra, que confiaba en la educación como vía de progreso de los pueblos. -¿Qué significado tiene para la fundación traer a León la exposición de Misiones Pedagógicas? -Es muy importante, porque sirve para recordar las cosas que se hicieron antes de nuestra guerra incivil y mostrar la gran cercanía de sus objetivos con el espíritu que movió a nuestro fundador, don Paco Sierra-Pambley. Bajo la orientación de Giner de los Ríos y la influencia de Cossío, que fue presidente de nuestra fundación y alma de las misiones, trataron de incidir en los maestros para que a su vez ellos influyeran en los pueblos para su progreso. -¿Qué conexión tiene con la actualidad aquella obra? -Hemos invitado a los alcaldes de los pueblos de León donde se hicieron las misiones pedagógicas, pero realmente existe un abismo entre aquel momento y el actual. La diferencia de cultura, alimentación, indumentaria y manera de ser no tiene nada que ver con la España de 1936. En los años 60 visité muchos pueblos por mi trabajo y todavía se manchaban los pantalones de barro. Pero hoy no hay pueblo sin asfaltar, luz ni agua corriente. Pero sí existe otra conexión. El espíritu de querer seguir influyendo en la sociedad, en sus pueblos. Ahora de otras maneras, sobre todo para que la educación no esté en el consumismo, en los centros comerciales o los videojuegos. -¿Cuál es la aportación de la fundación en este terreno durante la actual etapa? -Estamos en todos los sitios donde podamos hacer algo en el ámbito de la enseñanza con espíritu renovador. Afortunadamente, hoy no son necesarias las escuelas de ampliación de Primaria como en aquel entonces, porque está cubierto por la red pública. Buscamos otros caminos para llegar a la gente en cosas fundamentales de nuestra sociedad, como la informática o la enseñanza de idiomas a inmigrantes. Facilitar el acceso a Internet a través de banda ancha en Villablino y poder realizar videoconferencias puede ser uno de los ejemplos. Creo que también deberíamos profundizar entre el profesorado para hacer pedagogos, fomentar su vocación. Los maestros no pueden ser máquinas al servicio del aprendizaje, la vocación por la misión que están cumpliendo, el gusto por la clase, forma parte de aquel espíritu de Cossío. Además, nos preocupan todos los problemas que pueda haber en España o el mundo. Nos interesamos por el cambio climático y por los avances científicos. Bernat Soria antes de ser ministro de Sanidad ha participado en nuestras conferencias, por ejemplo. -¿Ha sido difícil traer a León la exposición? -Ha sido complicado porque exigía mucho espacio y es sumamente cara. Pero desde el momento en que la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales accedió a adaptar la magna exposición de Conde Duque a un circuito itinerante tuvimos claro que vendría a León. Galicia también lo solicitó y ha estado en Vigo y La Coruña y después de León irá a Soria, coincidiendo con el centenario de la llegada de Antonio Machado, quien formó parte del patronato de Misiones Pedagógicas. -¿Qué público desearía ver en la exposición de manera especial? -Los niños. Me entusiasmaría que los niños vieran la patria de sus abuelos y bisabuelos. Es muy bueno que sepan que el progreso se ha hecho trabajando. Los niños tendrían que valorar más lo que tienen en la sociedad actual. También me parece muy importante que acuda el profesorado. Yo no conocí las misiones directamente -nací en 1932- pero escuché muchas veces a Justino Azcárate, un gran apasionado de aquella obra que fue quien consiguió que la fundación volviera a su ser.