DESDE VENEZUELA DESDE FRANCIA
El «hilo dental» que Chávez quiere prohibir
Estos días se dice de todo sobre las pretensiones de Hugo Chávez y su reforma constitucional. No solo en tertulias informales, también en programas de televisión supuestamente serios en donde esta última semana un grupo de periodistas se escandalizó cuando alguien dijo que el presidente quiere acabar con los escotes, con la cerveza y con el hilo dental. La cerveza, vale, pensemos que lo hace por una cuestión de salud. Los escotes, vale también, pensemos que el presidente piensa en sus paisanas, a las que quiere que valoren por lo que son y no solo por sus bondades caribeñas. Pero ¿y el hilo dental? ¿Qué puede tener Chávez contra el hilo dental? Nadie en la tertulia lo entendía. Una simple indagación y, vía nativos de Venezuela o conocedores del país, llega la respuesta. Hilo dental es el nombre que se le da en venezolano a los tangas femeninos. Y es que el presidente, cuando quiso prohibirlos, no hacía más que pensar, otra vez, en sus paisanas. Lo dicho, que sobre las supuestas pretensiones del presidente hay para escribir un libro, porque si se hace caso a lo que por ahí se dice (probablemente ha habido una inclusión interesada en Internet que ha crecido como una bola de nieve) ya no es ni siquiera el comunismo el que va a comerse a los niños, sino que el mismísimo Chávez sería el encargado de cocinarlos. El diario argentino Infobae llegó a publicar que la nueva Constitución venezolana contemplaba «la obligatoriedad de los padres de compartir sus niños en su etapa de crecimiento con el Estado», además de que quedaría totalmente prohibido el uso de Internet, la televisión extranjera por cable o cualquier tipo de culto fuera de los templos. Y sobre la propiedad privada lanzaba la bomba de que, en caso de triunfar su reforma, el Gobierno expropiaría todas las residencias de las playas y obligaría a los propietarios a compartirlas. La bola crecía hasta fijar tres personas como mínimo por habitación. Y nada de Papás Noel ni de Mickeys porque, continúa la leyenda, quedaría censurada la publicidad de cualquier «imagen o artículo de influencia transculturizadora imperialista», al igual que pasarían a la historia las Fuerzas Armadas. Serían disueltas, diría la nueva Constitución, y rebautizadas con el nombre de milicia popular. ¿Pero no iban a ser disueltas? Estas y otras cuestiones se han dicho estos días, cuando una rápida mirada al proyecto de reforma constitucional echa por tierra tanto mito. Chávez es un delirante, sí, pero no tanto. Lo que él propone de verdad es modificar 69 de los 350 artículos que componen la actual Constitución venezolana. Y el más llamativo es el ya comentado hasta la saciedad: que quiere imponer la reelección indefinida del presidente.