El buen momento de la gastronomía leonesa
Recibimos al año nuevo con buenos sabores y precios en ligero ascenso
|||| La restauración leonesa crece y crece, aunque en lo alto de la pirámide gastronómica siempre están los mismos. Con el final del año llegan las nuevas guías y en ellas los establecimientos de la capital copan casi todos los puestos de honor, encabezados por el capitán general del buen comer, don Carlos Cidón, el incombustible patrón de Vivaldi, que, con la Estrella Michelín en su blanco gorro, comanda el escuadrón de los muy ilustres cocineros leoneses. La vida cotidiana del siglo XXI cambia a alto ritmo, antes, al menos en esto del comer, primaba lo clásico, los establecimientos que poco a poco cimentaban su fama en base a unas buenas materias primas y una cocina correcta que, normalmente, no se apartaba de los cánones establecidos desde cientos de años atrás. Pero el que manda es el cliente y hoy en día los gourmets se han convertido en auténticos aventureros de la gula. Ya no vale aquello de «vamos a este sitio que es un clásico». Ahora los aficionados a la buena mesa son capaces de recorrer cientos de kilómetros en un fin de semana solamente para encontrarse con alguna sorpresa gastronómica. Por eso los editores de guías hacen su agosto desde hace algunos años con estos singulares peregrinos. León, desde las ubérrimas tierras del Bierzo, a las escarpadas montañas de los Picos de Europa, reúne un extraordinario plantel de buenos cocineros, de agradables restaurantes que poseen los ingredientes necesarios para que estos intrépidos viajeros del yantar exquisito enfoquen hacia aquí sus rutómetros. Aunque se ha perdido un tanto la ceremonia de los antiguos santones, de aquellos elitistas restaurantes que en tiempos de nuestros abuelos se permitían el lujo de conservar el derecho de admisión a sus mesas, porque lo de comer fuer4a de casa no era normal y los grandes restaurantes estaban destinados a los individuos más pudientes de aquella sociedad... Los otros, lo que, por ejemplo, llegaban a la capital desde las tierras labrantinas de la provincia, se traían el atillo bajo el brazo con las viandas necesarias para su sustento y, como mucho, se permitían el lujo de tomar un cuartillo de vino en el Besugo, o cualquier otra cantina de la zona cercana al mercado, parea ayudar a masticar los frugales alimentos. Hoy las cosas se han democratizado y todos tenemos la oportunidad de disfrutar de las excelencias, de las delicadezas gastronómicas, que los cocineros leoneses son capaces de elaborar. Con los precios topa Sancho Pero no todo es vida y dulzura en este sabroso mundillo, nuestros restaurantes en los últimos dos años han sido genuinos impulsores de la inflación que ahora empieza a preocupar al Gobierno. Se ha pasado sin solución de continuidad de los seis a los diez euros por un menú del día. Incluso se han apretado al máximo las clavijas a los comensales de los sábados y días festivos, poniendo ese plato nuestro de cada día a la nada accesible tarifa de quince euros. Naturalmente si el comensal pide la carta la subida es semejan te, aunque se nota menos, pues quienes podían gastarse veinticinco o treinta euros en comer posiblemente también puedan con treinta o treinta y cinco. Estas subidas espectaculares hasta el momento lo único que han conseguido es llenar la caja de nuestros restaurantes. Los clientes, con el euro aún gravitando sobre sus entendederas, siguen comiendo y pagando, pero¿ ¿hasta cuando? Mucho nos tememos que esta forma alegre de enfrentarse con la realidad tenga los días contados. Cuando la falta de liquidez de un mes tras otro se vaya acumulando, llegará un momento en el que los ávidos comensales tengan que volver al tradicional bocadillo, o a comer un perrito caliente como todo sustento hasta la hora de volver a casa. Entonces todos los nuevos restaurantes que están proliferando como hongos en otoño, todos esos bares y cafeterías que han hecho de las comidas, especialmente la del mediodía, su mejor medio de ingresos, verán como el momio se acaba y entonces vendrán las lamentaciones. Pero más allá de estas disquisiciones pecuniarias, está la magnifica realidad de nuestros profesionales de la hostelería, todo un ejercito estupendamente preparado para que comer en León sea un auténtico placer. Desde las alturas emergentes del Cidón instalado en el Musac, hasta el último mesón de la provincia, comer bien es una aventura que todos podemos emprender con alegría y con la seguridad de que en la mayoría de establecimientos hosteleros de la provincia podemos comer como auténticos reyes. Los Faros gastronómicos de León Naturalmente hay un pelotón de cabeza al que hay que honrar, porque ellos son un poco las locomotoras que mueven el gran tren de la restauración leonesa, los que la llenan de prestigio y los que colaboran a conseguir que aquí tengamos también una cocina emergente sin perder por ello las señas de identidad de nuestra tierra. El Barandal, La Barra y La Imprenta Casado, bajo la acertada batuta de Javier, ese joven cocinero que recorre cada año el mundo con la mejor de la cocina de aquí, Tokyo, Nueva York, Chicago y Bruselas, han sido algunas de sus etapas este año. La llegada de la cocina bañezana a la capital, el trasvase de Los Ángeles, al Alborada, también ha sido una estupenda noticia. Los éxitos a nivel nacional de Cocinandos. Las originales propuestas del Luniega. La novedad de La Abuela Cándida o el Bistró.El incomparable menú del día de La Esponja, uno de los más interesantes de la ciudad en la relación calidad-precio. La virtuosa academia del Amancio o el Formela, La espectacular propuesta del Zuloaga o el Alfonso V. La innovación de Adonías Pozo. La peculiar carta de bacalaos del Valderas. La apuesta segura del Conde Luna. El regreso del Hostal de San Marcos al grupo de los elegidos. La enorme variedad del restaurante de El Corte Inglés. O lo típico, aunque no tópico, de La Bodega Regia. Y en la provincia Paco Rubio, La Peseta, Menta y Canela, La Perla¿., Todos ellos son faros que orientan al aventurero que busca en su periplo saciar su hambre e, incluso, pecar un poco, dejar que la gula le arrastre a sus deliciosos abismos. Desde aquí saludos a todos, a los que comen y a los que ponen de comer, a los que disfrutan trabajando en los fogones y a los que se deleitan con sus trabajos. Que el año que viene sea, por lo menos, tan sabroso como este.