El metano podría sustituir en el futuro a los combustibles fósiles

Según los expertos, tiene una capacidad de combustión muy alta y sus reservas mundiales son enormes. Aseguran, además, que los excrementos y residuos urbanos también podrían aprovecharse para generar energía

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M. M. ALLER | texto
León

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Aunque el dióxido de carbono sea el más conocido de los gases causantes del efecto invernadero, el metano es capaz de capturar veinte veces más calor que él. Aunque sus emisiones se hayan mantenido estables en las últimas décadas, el problema es que, según varios estudios, la subida de la temperatura global podría estar liberando grandes cantidades de metano ocultas en el permafrost, en el lecho marino o en los lagos helados del Ártico. Científicos británicos y alemanes recuerdan que el metano fue el responsable del calentamiento global que hace unos 180 millones de años acabó con un gran número de especies. Según se recoge en un artículo que publica la revista Consumer, no todo es negativo en el metano, ya que este gas también puede utilizarse como combustible y para producir diversos gases y sustancias industriales. En este sentido, los expertos estudian la posibilidad de capturar el metano antes de que se escape a la atmósfera y transformarlo en energía. Entre las distintas opciones que se barajan destaca la utilización de los hidratos de metano, o metano hídrico, ya que se calcula que sus reservas duplican a las de los combustibles fósiles en todo el mundo y su capacidad de combustión es muy alta. Posibles usos El metano hídrico se forma básicamente bajo el permafrost y en el subsuelo marino. El frío y las altas presiones mantienen estable la unión del agua y el metano, producido en este caso principalmente por la descomposición de organismos vivos. Al extraerlo de su lugar natural desaparecen las condiciones por las que permanecía unido, de manera que el metano puede aprovecharse como fuente de energía. De hecho, se le conoce como «oro blanco», por ser este el color que tiene cuando sale del yacimiento. Sólo habría que derretirlo para obtener el combustible. La revista Consumer explica que en el fondo del mar los hidratos mantienen unidos a los sedimentos allí depositados allí. Al extraer el gas o modificar las condiciones de temperatura se podrían producir corrimientos de tierra en los fondos marinos con imprevisibles consecuencias. Se cree que este fenómeno ha producido tsunamis como los que afectaron a Noruega hace 8.000 años o a la Península Ibérica en 1755. Por otra parte, dado que es un poderoso gas de efecto invernadero, habría que desarrollar dispositivos de seguridad que impidiesen fugas a la atmósfera. El metano hídrico ya era conocido hace un siglo, si bien fue en la década de 1970 cuando comenzó a estudiarse. Sin embargo, la tecnología para su explotación todavía necesita un desarrollo mayor para que pueda considerarse viable industrialmente. Por ejemplo, no se tiene muy claro el sistema para detectar un yacimiento lo suficientemente grande y sencillo de extraer que permita hacerlo rentable. Los grandes yacimientos de metano hídrico se ubican en el Ártico y en las plataformas marinas de casi todos los continentes. En la actualidad, investigadores alemanes trabajan en el Mar del Norte para conocer mejor la formación y su posible extracción, mientras que en Japón se estudian el yacimiento bajo el Canal de Nankai, paralelo al archipiélago nipón. Como el gas es producido también por los excrementos (humanos y animales) y por los residuos urbanos, otros sistemas proponen su uso para generar energía, e incluso se ensaya como combustible para las naves espaciales del futuro. En Yueshanlong (China), sus habitantes ya obtienen energía a partir de las heces, que también sirven de pienso, evitando la tala de árboles. En Albacete, se estudia la posibilidad de aprovechar la energía producida por el mayor vertedero de la provincia. Y en cuanto a su posible uso como combustible espacial, Alliant Techsystems y XCOR Aerospace, dos empresas que trabajan para la Nasa, analizan un sistema de propulsión con metano que presenta ventajas sobre el hidrógeno, el combustible de los actuales cohetes. No obstante, estas tecnologías todavía necesitan madurar y hacer frente a los posibles inconvenientes, incluido su impacto medioambiental.

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