Diario de León

Las FARC pierden a Tirofijo en su peor momento

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia viven el momento más crítico de su casi medio siglo de existencia, diezmadas por la muerte de algunos de sus principales líderes, capturas, deserciones y traiciones

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ENRIQUE IBÁÑEZ | texto
León

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La muerte de su fundador y máximo líder, Pedro Antonio Marín, alias Manuel Marulanda Vélez o Tirofijo, anunciada el fin de semana pasado por el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, y confirmada después por la propia guerrilla, tiende un manto de incertidumbre sobre el futuro de esa organización. «Las FARC están en su peor momento», dijo Santos para resumir la situación del grupo guerrillero, que además de su fundador, muerto el pasado 26 de marzo de un infarto cardiaco, según los rebeldes, ha perdido a otros líderes en los últimos meses. Analistas militares calculan que las FARC, que nacieron como una guerrilla campesina en la década de los 60, tienen unos 17.000 hombres en armas, una cifra que nadie puede establecer a ciencia cierta por las numerosas bajas y deserciones que ha sufrido el grupo desde el año pasado. El 1 de marzo, el segundo al mando de las FARC, alias Raúl Reyes, fue abatido por tropas colombianas en el ataque a un campamento que tenía en Ecuador. Seis días después, otro cabecilla, Manuel de Jesús Muñoz o José Juvenal Velandia, alias Iván Ríos, fue asesinado por su propio jefe de seguridad, que entregó la mano derecha del rebelde a las autoridades como prueba y luego reveló el lugar donde había ocultado el cadáver. A ellos se han sumado otros altos mandos guerrilleros como Tomás Medina Caracas, alias El Negro Acacio, y Gustavo Rueda Díaz, alias Martín Caballero, muertos por las Fuerzas Armadas en sendos bombardeos a sus campamentos en septiembre y octubre del año pasado, y las capturas y entregas de importantes cabecillas regionales, así como la deserción de centenares de rebeldes rasos. Tanto Marulanda como Reyes y Ríos formaban parte del Secretariado (cúpula) de las FARC, una estructura de siete miembros que en los dos últimos meses ha sufrido los cambios que no tuvo en más de cuatro décadas. Las FARC, que esta semana cumplieron 44 años, nacieron el 27 de mayo de 1964 como autodefensas campesinas para protegerse de una operación militar contra «repúblicas independientes» instauradas por las guerrillas liberales y comunistas que rechazaron una amnistía ofrecida por el gobierno de entonces. La ofensiva gubernamental hacía parte de la estrategia estadounidense denominada Plan Laso (Latin American Security Operation) contra los grupos insurgentes que nacían en ese entonces, según historiadores y analistas. El guerrillero más viejo Tirofijo, que era considerado el guerrillero más viejo del mundo, dirigió las FARC con un poder incontestable, un liderazgo y sentido de unidad que analistas y militares dudan que pueda mantener su sucesor en la jefatura máxima, Guillermo León Sáenz, alias Alfonso Cano. Las FARC tienen más de un centenar de frentes que operan en 31 de los 32 departamentos colombianos (la excepción es el archipiélago caribeño de San Andrés), aunque su poder militar dista mucho del que alcanzaron a finales del siglo pasado, cuando se apropiaron de grandes extensiones del territorio nacional. Ese poderío fue alimentado por la ingente riqueza que les generó su incursión en el narcotráfico, aunque las FARC siempre han negado que se dediquen al tráfico de drogas. Según las autoridades, en los últimos tiempos las FARC financiaron su guerra contra el Estado colombiano con ingresos anuales del orden de los 500 millones de dólares provenientes no sólo del narcotráfico, sino también del cobro de rescates por secuestros y extorsiones. Con la incursión en el narcotráfico, las FARC se apartaron de la ideología marxista que tuvieron en sus comienzos y se convirtieron, según las autoridades, en un grupo delictivo más, calificado como terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea (UE). En cuatro oportunidades las FARC han entablado negociaciones de paz con el Gobierno, la primera de ellas en 1984 con el presidente Belisario Betancur (1982-1986), luego con Virgilio Barco (1986-1990), César Gaviria (1990-1994) y, por último, con Andrés Pastrana (1998-2002), todas ellas sin resultados. El proceso más esperanzador y criticado fue el iniciado en enero de 1999 con Pastrana, que cedió a las FARC una zona desmilitarizada de poco más de 43.000 kilómetros cuadrados en el sur del país para las negociaciones. El 20 de febrero de 2002 el Gobierno dio por terminada la llamada «zona de distensión», a raíz del secuestro del entonces senador Jorge Eduardo Gechem, que fue liberado hace tres meses junto con otros tres congresistas después de pasar seis años en cautiverio. Con el actual Gobierno, presidido por Álvaro Uribe, las FARC han descartado cualquier posibilidad de negociación sin una zona de despeje, actitud rechazada por la opinión pública nacional e internacional, que exige a la guerrilla la liberación de 40 secuestrados que retiene con fines de canje por unos 500 guerrilleros presos. Uribe, que llegó al poder por primera vez el 7 de agosto de 2002 y comenzó su segundo mandato en 2006, prometió combatir a los rebeldes con «toda decisión», una estrategia que le ha permitido arrinconar a las FARC con golpes a su estructura política y militar impensables para los colombianos hace sólo unos años.

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