Diario de León
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JAVIER FAGÚNDEZ | texto
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¿Tras cinco días con la corbata al cuello, cada vez son más los ejecutivos egipcios que dedican los fines de semana a cabalgar sobre una Harley-Davidson, el último capricho de la acomodada clase alta del país. La legendaria marca americana ha inaugurado, en los últimos ocho años, dos tiendas en El Cairo y otra más en la localidad de Sharm el Sheij, un oasis de lujo en la costa del Sinaí. La joven Inyi Ghattas, propietaria de los tres establecimientos, asegura en su despacho de la capital que, poco a poco, el negocio comienza a despegar en Egipto. Y lo hace principalmente entre ejecutivos de grandes empresas, lo más parecido a un pachá en el nuevo siglo, que pasan por la crisis de los la cuarenta. Furor entre los ejecutivos Como afirma entre risas Giorgio, cairota de ascendencia italiana y dueño de una de estas motocicletas, «a los cuarenta es mejor comprarse una Harley que echarse una amante». Lo dice mientras se toma un refresco a las puertas de una de las tiendas de la marca en el barrio de Zamalek, en la capital, donde cada viernes -día festivo en Egipto- se reúnen algunos propietarios para pasar la mañana juntos. Un local de dos plantas en el que se exhiben alrededor de treinta motos resplandecientes, junto a todo tipo de recambios, complementos y prendas de ropa, todo con un evidente sabor americano. Ghattas abrió el primer establecimiento en el año 2000, y tras unos comienzos difíciles, ya ha conseguido poner en la calle alrededor de 300 motos, la mayoría en los últimos tres años. «Esperamos seguir creciendo, esto es solo el principio», afirma, y añade que, según sus cálculos, en el presente ejercicio conseguirán vender un centenar más. Sin embargo, no es el rugido de la Harley el que marca la pauta en las calles de El Cairo, una jungla de bocinas, taxis destartalados y microbuses atestados y a la carrera en la que habitualmente no se respeta ninguna norma de circulación.

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