DESERTIZACIÓN
La intervención humana es la principal culpable
La desertización es la degradación paulatina del suelo y la pérdida de productividad de las tierras áridas y semiáridas. Aunque son varios los factores que intervienen en este proceso, es probable que sin la intervención humana los fenómenos erosivos naturales estarían compensados por la formación de otros nuevos. En un terreno sin alterar la tierra está protegida por el manto vegetal (hierbas, hojas) de forma que cuando llueve parte del agua se evapora antes de ser absorbida. Por su parte, los árboles cortan el viento mientras que el entramado de las raíces ayuda a fijar el suelo. Si se talan los bosques para aumentar las actividades agropecuarias la tierra desnuda sufrirá distintas agresiones: la lluvia y el viento multiplicarán su poder erosivo, el riego contribuirá a salinizarlo y la quema de rastrojos o los incendios culminarán el proceso. Además, el exceso del pastoreo y la agricultura intensiva aumentan la presión y degradación del suelo provocado por el incremento del consumo de agua (más regadíos, sobreexplotación de los acuíferos), la fuerte mecanización y el uso de productos químicos. Todo ello, sin olvidar el cambio climático, porque según la ONU, es posible que las tierras secas sean más vulnerables al aumento de temperatura. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, de todos los países del norte mediterráneo España es el más susceptible de sufrir los efectos de la desertización debido a su morfología montañosa con laderas abruptas, fuertes lluvias con gran capacidad erosiva, condiciones climáticas que van desde subhúmedas hasta semiáridas, temperaturas y precipitaciones muy variables de un año a otro y la existencia de sistemas sobreexplotados, a las que se añade la creciente presión demográfica y turística.