Diario de León

El encuentro armonioso del órgano con la Catedral de León

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Hay quien considera al órgano el rey de los instrumentos musicales, no sólo porque su origen es de los más remotos en el tiempo -se remonta a la antigua Grecia- sino porque su música es tan espectacular y sobrecogedora que llega a lo más profundo del ser humano. Muchos y muy prestigiosos han sido los músicos que a lo largo de la historia han compuesto piezas para este instrumento, entre ellos alguno de los mayores talentos de cada época, en un amplio arco de tiempos y de estilos que abarca de Bach a Messiaen. Aunque la mayor parte de la literatura musical del órgano viene ligada a su presencia en templos religiosos, los músicos del siglo XX descubrieron sus posibilidades como un instrumento complejo que podía expresar también la sensibilidad contemporánea y de este modo propiciar ese espacio de encuentro que es el arte, hecho eterno, más allá de las diferencias ideológicas, sociales o religiosas. En su búsqueda de lo sagrado, muchas veces el órgano se nos revela profundamente humano, y esto es lo que han sabido ver los grandes compositores que se han acercado a este instrumento, al tiempo humilde y grandioso. Pero indudablemente, en nuestra cultura la presencia del órgano va asociada a los templos, desde la más pequeña ermita hasta las grandes catedrales de nuestras urbes. Por eso no podemos imaginar mejor espacio para ubicar un Festival de Órgano que la Catedral de León, una de las más espectaculares seos del mundo, culminación del gótico arquitectónico, sueño de piedra que encuentra en la grandiosidad del sonido del órgano orgulloso y efímero reflejo. Este Festival se ha gestado, pues, sobre el encuentro armonioso de un instrumento excepcional, el órgano, con un monumento emblemático, la Catedral de León. Su gran importancia, que le ha llevado a cumplir 25 años, lo convierte en una de las citas con la Música más veteranas de nuestro país, con un prestigio que se ha ido incrementando año tras año tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Y es que este Festival ha entendido siempre el órgano como un instrumento vivo, capaz de representar nuestro presente, en permanente relación con los intérpretes y los compositores de su tiempo. El compromiso de este certamen no se ha quedado solo en la reivindicación de las obras clásicas para órgano, sino que se ha propuesto otorgarle nueva vida, algo que ha conseguido gracias al encargo de obras a compositores contemporáneos o al trabajo didáctico sobre sus posibilidades, tanto para quienes quieren reinterpretar nuestro rico patrimonio musical, como para los que abren nuevas vías de comunicación y expresión artística de la mano del órgano. Fruto de ese carácter vital es también la apuesta del Festival por la formación y la difusión, con programas como el Curso Internacional de Composición o el Seminario de Composición en el órgano histórico español. Todo ello además tiene lugar en León, una provincia que en los últimos años se ha manifestado especialmente sensible a la protección y difusión de su patrimonio cultural, sobre todo el musical, compromiso que está dando y dará sus frutos a todos los españoles. Por ello, quiero felicitar a los responsables de que este Festival hoy pueda presentar un balance semejante, y a todos los leoneses por acoger y apoyar este acontecimiento musical y hacerlo suyo. Todas ellas notas que, unidas, componen un extraordinario acorde cuyo eco sin duda se prolongará mucho más allá de este aniversario.

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