Sugerencias para un estilo propio de casa leonesa
El auge y posterior caída de la construcción enloquecida y desbocada ha llenado nuestros pueblos de barbaridades urbanísticas, un comportamiento irresponsable al que muchos quieren hacer frente construyendo con el guapo estilo de siempre

NORBERTO
Edificios de pisos en mitad de los pueblos, rompiendo el estilo de toda la vida. Enmarañamiento de cables de la luz o del teléfono que van de pared a pared. Materiales inadecuados, colores estridentes. Casonas cerradas o esbarrumbadas. Uralitas, plásticos. En una palabra: telares. Y abandono, mucho abandono en todos los sentidos. El feísmo que inunda las aldeas y villas leonesas es la viva imagen de la dejación, del olvido y de la tristeza en los que actualmente están sumidas. Nuestro medio rural, para el visitante o para el leonés con un mínimo de sensibilidad, muestra dos caras paradójicas: la lamentable despoblación y soledad de nuestros pueblos tras milenios de ocupación; y, a la vez, la extensión de urbanizaciones que devoran suelo fértil o monte de alto valor ecológico y casi diríamos que hasta sanitario. Pero hay gente que no se resigna a que los pueblos de León, que bien podrían contarse entre los más sugestivos y variados de España -curiosín tapial y canto rodado, teja árabe y corredor de madera en torno al patio en la casa de nuestras riberas de huerta y sebe; casona de piedra con corredor al frente en la montaña; casa de patín, galería y losa en las variedades bercianas y occidentales-, pasen a integrar la lista de los más feos y abandonados de toda la Península. Por eso, en primer lugar prendió, en fechas bien recientes, la fiebre por rehabilitar la casa del pueblo, por mantener la piedra, la madera, los materiales originales, tan nobles en su utilidad y su prestancia. Y a pesar de que en ocasiones no se realizan con las proporciones y formas que debieran, constituye sin duda un muy positivo comportamiento. Pero también hay otros que, últimamente, se están decantando por una solución más audaz y, quizás, más barata: construir directamente, con técnicas modernas, casas de aspecto tradicional que no desentonen con el conjunto y que ayuden a crear esa imagen de sintonía, de pulcritud y de guapura que con tanto mimo cultivan en Cantabria o Navarra, además de en toda Europa, y que tan positivas consecuencias (identitarias, económicas, sociales, turísticas...) tiene en los núcleos que la practican. Dicen los arquitectos que hoy en día existe tal abanico de soluciones distintas que se puede «hacer de todo»: y, de esta manera, es perfectamente posible elevar, desde cero, una nueva vivienda bien con materiales totalmente tradicionales, recuperados; o bien con materiales modernos pero con las medidas y el aire de siempre; o forrando diversos espacios con madera, losa, piedra o adobe (material éste último generoso y 'biológico', a la vez fresco y abrigado, que por supuesto hay que reivindicar). Hoy existen empresas que hacen posible todo esto. Y dentro de esta última posibilidad se enmarca la sugerencia de la «casa leonesa» que presentamos y que aúna elementos de los diversos estilos arquitectónicos de nuestra tierra. No puede faltar el corredor de madera, al exterior (como en el Bierzo y la montaña) o al interior (tierra llana), que también puede transformarse en galería acristalada. La cubierta podría ser de teja o de pizarra, manteniendo los portones y la estructura rectangular, cuadrada o formando una «ele» o una «u» con la huerta y el prao detrás. Además de los beneficios sociales de construir de acuerdo a la tradición, también los hay laborales al incentivar los oficios artesanos, evitando su pérdida, fijando población y elevando la autoestima de cada pueblo y comarca. A este respecto, al igual que sucede desde hace tiempo en Galicia y Asturias, también podría extenderse la costumbre de hacer el hórreo al lado de la casa, pero un hórreo leonés, es decir, a dos aguas y teja, como los orientales, o a cuatro y pizarra, o con cubierta redondeada de cuelmo, como en los valles del occidente.