El Mengoba tinto ve la luz
Grégory Pérez, el enólogo francés enamorado del Bierzo, lanza el primer gran tinto de su proyecto personal: un mencía de vinificación integral, once meses de crianza y corto tiraje que llega al mercado con una presentación impecable
Es la concreción de un sueño largamente acariciado, no sólo a lo largo del tiempo transcurrido desde la vendimia que lo sustancia, ni siquiera desde que, tiempo antes, su autor madurase la idea de trazar su proyecto personal en torno a la mencía. Ese vino, y otros, ha estado en la cabeza de Grégory Pérez desde que en el 2001 recaló en el Bierzo para hacer carrera como enólogo, tras concluir su formación académica en Burdeos y una vez decidido que abandonaría la pequeña bodega familiar que su padre administra allí, en el ombligo del vino mundial. En los años que se sucedieron, el enólogo de origen francés y raíces españolas puso firma e imprimió carácter a algunos de los blancos y tintos bercianos de postín, y se ganó el reconocimiento del sector a nivel nacional y un cierto prestigio en círculos muy concretos del mercado estadounidense, algo que comparte con otros enólogos bercianos de su generación. Decidido a afrontar nuevos retos, soltó amarras, buscó cobijo en la financiación del entorno familiar y creó su propia bodega, reafirmando su apuesta por las variedades bercianas hasta el punto que el encadenado de la primera sílaba de tres de ellas (mencía, godello y valenciana) da nombre a su proyecto, licencia ortográfica incluida. El primer Mengoba salió al mercado en primavera: un blanco sobre lías que mezcla godello y doña blanca. El segundo lo hace ahora. Es un monovarietal mencía de vendimia seleccionada y vinificación integral en barrica de roble francés de 400 litros, con once meses de crianza. Y sólo unos miles de botellas para cantar sus excelencias.