León ha perdido dos de cada tres cooperativas textiles
De las 120 cooperativas textiles que había en la provincia hace veinte años, en pleno auge de este sector, ahora quedan 39, acuciadas por el traslado de la producción de las empresas a los países asiáticos y por la crisis económica
La creación de empresas cooperativas ha sido y es una fórmula considerada como un importante potencial para el desarrollo local. En las últimas tres décadas, han sido muchos los emprendedores que se han decantado por esta opción como el medio más eficaz para aprovechar las oportunidades del mercado poniendo en común sus objetivos y, a la vez, como una fórmula de desarrollo para las zonas rurales. En la actualidad, la provincia leonesa cuenta con más de 300 empresas cooperativas en distintos ámbitos que van desde el sector de la construcción hasta el alimentario, pasando por el agrícola o el textil, de ellas, unas 140 son cooperativas de trabajo. En este ámbito se mueve la Unión de Cooperativas de Trabajo de León (Ulecoop), que congrega empresas que emplean este sistema de trabajo, excepto a las agrarias. Perteneciente a las cooperativas de Castilla y León desde 1989, su objetivo es agrupar y defender los intereses de estas compañías, además de promocionar el cooperativismo, un sistema que la Ulecoop considera «muy sano». Uno de los sectores más característicos de este sistema es el textil, que cuenta con 39 cooperativas distribuidas a lo largo de la provincia, que emplean a 218 trabajadores de las 120 que existían hace años. Las cooperativas textiles crecieron a un ritmo vertiginoso desde que se vio en ellas una forma de revitalizar las zonas despobladas y con pocos recursos, como es la montaña oriental leonesa. El auge de los años 70 El auge de las cooperativas textiles comenzó en los años 70, promovido por empresas del sector que vieron en esta fórmula una buena forma de producir a bajo precio. Por ello, promovieron la creación de cooperativas en las zonas rurales más desfavorecidas. Una opción que entonces fue vista con buenos ojos por parte de las mujeres de esas localidades, que encontraron un trabajo sin tener que desplazarse fuera de su pueblo. De esta forma, empalmaban las piezas que recibían de las empresas textiles en locales que estas mismas mujeres alquilaban como parte del funcionamiento del sistema cooperativo. Ellas mismas corrían con los gastos propios de una empresa cualquiera: seguridad social y alquiler de maquinaria, además del resto de obligaciones fiscales, laborales y jurídicas empresariales. Para Ulecoop, esta reacción obedecía «a la promoción de empresas cuando, en realidad, la producción no estaba asegurada». Esta ha sido la causa del cierre de las cooperativas de la empresa leonesa Teleno en la montaña oriental de León, que hace apenas unas semanas echaban el cierre a los locales de Cistierna y Olleros de Sabero tras 17 años trabajando para esta empresa. Son pequeñas compañías cooperativas que nacieron en pleno auge y que ahora, con la bajada de la producción en el sector textil, se han quedado sin trabajo y tienen que continuar haciendo frente a los gastos de sus cooperativas. Para Ulecoop, el crecimiento de las cooperativas textiles en la provincia que trabajaban para Teleno «no era normal. Se fomentó el cooperativismo textil cuando no había producción», a lo que se juntó que, en el momento de su proliferación, las mujeres que las constituían estaban «mal asesoradas». Este descenso y el posterior cierre de lo que hasta ahora ha sido el medio de vida de muchas mujeres del mundo rural se veía venir para muchos. Ahora las grandes empresas textiles sacan su producción no sólo fuera del medio rural, sino fuera de las fronteras del país y ponen su mirada en los países asiáticos, que ofrecen una producción más barata en un momento crítico para el sector textil, a la espera de que éste vuelva a resurgir.