SimMan 3 G, el robot que sientey sufre como los pacientes
El simulador de enfermos más avanzado del mundo respira, llora, suda, habla, sangra y vomita, además de reconocer y reaccionar a más de 100 fármacos. El ingenio sirve para formar y entrenar a los profesionales sanitarios

Conducía su vehículo cuando sufrió una parada cardíaca. El coche se paró en seco y se dio un fuerte golpe al volante. Los servicios de urgencia acudieron apresuradamente y le sacaron del vehículo para conducirlo a la ambulancia, mientras el paciente parpadeaba y respiraba de manera acelerada. Una vez en la UVI móvil, se le tomó la tensión y apreciaron que tenía la pupilas dilatadas. Presentaba un sudor frío y se quejaba. Ya en urgencias le tomaron la tensión y las constantes vitales, donde observaron que unas pequeñas secreciones espumosas le salían por la boca. De ahí pasó al quirófano de cirugía cardíaca. Presentaba fracturas costales en la auscultación y no ventilaba por un pulmón. Le pincharon en el neumotórax y, acto seguido, se le aplicó el desfribilador y se le dio un masaje cardiaco. También se le suministró un miligramo de adrenalina y se le entubó. Los parámetros iban mejorando y subía la frecuencia cardiaca. Se le colocó un tubo en el tórax y se le tomó de nuevo el pulso. El paciente ya estaba estabilizado. Su frecuencia cardiaca y su tensión eran normales. Pasó a planta.
El paciente en cuestión no es un ser humano. Se trata de SimMan 3G, un nombre de ciencia-ficción para un robot inteligente tan sofisticado que parpadea, respira, llora, suda, habla, sangra, tose y vomita, además de presentar heridas. Es ya el simulador de pacientes más avanzado del mundo, una auténtica revolución tecnológica dentro del campo de la simulación médica. Su complejo software le permite reaccionar de forma independiente, sin necesidad de recibir las instrucciones desde el ordenador que lo controla. Así, sus pupilas se dilatarán o contraerán en función de los estímulos externos, y no por orden del instructor, o reaccionará de un modo u otro dependiendo de la medicación administrada, su concentración y la dosis. De hecho, el prototipo, que simula a un paciente adulto, con el tamaño y el peso de una persona normal, reconoce y reacciona a más de 100 fármacos y puede ser objeto de estudio para un gran número de casos médicos: complicaciones cardiovasculares, respiración, hemorragias, politraumatismos craneales y cervicales..., cubriendo así todas las áreas de trabajo en la resolución de casos clínicos en pacientes críticos.
La única excepción de posible influencia exterior es a la hora de hablar. El prototipo puede emitir sonidos que dirige un instructor a través de micrófono. Si bien puede tener grabadas previamente una gran número de expresiones: «Me duele», «me siento muy mal»... El maniquí robótico, última generación en simulación clínica, tiene un objetivo muy concreto. Puede simular muchos síntomas de enfermedades para que los profesionales de la salud puedan entrenarse, aprender nuevas técnicas y mejorar sus diagnósticos de cara a conseguir una práctica clínica más perfeccionada, que redundará «en una mayor seguridad de los pacientes reales» y servirá para «salvar vidas», según Jorge Vilaplana, director gerente de Laerdal España, empresa creadora del simulador.