«La vida aquí es muy tranquila y eso es algo imposible en China»
|||| Anmei Xu llegó a León hace cerca de tres años junto a su marido, Miguel Ángel, con el objetivo de encontrar algo de tranquilidad en el ajetreo que caracteriza el día a día del pueblo chino, que nunca descansa. «Al principio fue difícil, ya que no conocía la lengua y no entendía nada, lo que me hacía imposible comunicarme, porque apenas nadie habla inglés, y muy difícil salir de casa», relata Anmei en el español que ha aprendido en este tiempo.
Apenas un año más tarde de su traslado a León, puso en marcha, con su marido, el Centro de Cultura China El Mandarín, donde ejerce como jefa de estudios y se encarga de la coordinación de los profesores nativos que imparten la lengua china en el centro.
Ahora aclara que, con su progreso en el avance del español, todo le resulta mucho más fácil. «Entiendo y comprendo mejor esta cultura. La vida aquí es muy tranquila y eso es imposible en China», esgrime Anmei., para quien la idea de cambiar de vida obedecía a «tener 52 fines de semana para uno mismo y no para trabajar».
Entre las costumbres que más le llaman la atención, destacan dos. El tiempo que pasamos los españoles sentados a la mesa y la «palabrería». En cuanto a la primera, «emplear una hora para comer aquí es normal, en China se hace mucho más rápido». Sobre la segunda, «nosotros también hablamos, pero vamos más al grano. Mientras aquí se dan muchas vueltas para decir algo, allí si no puedes hacer algo, no lo dices. Aquí sí».
En cuanto a la integración de la colonia china, Anmei aclara: «En nuestra cultura, la dignidad es algo fundamental. Notar que alguien no es amable contigo y sentir rechazo nos hace mucho daño. Por eso huimos de esas situaciones». A este respecto, reclama más apoyo para la integración de la colonia china y para que aprendan español. «Se relacionan mucho entre ellos y son autosuficientes, lo que, junto con lo que comentaba antes, hacen que tampoco sientan la necesidad de integrarse».
En familia
Cuando un chino toma la decisión de que su vida tome un nuevo rumbo y se desplaza a otro país, lo hace, en el 95 por ciento de los casos, con toda o buena parte de su familia. Además, según explica Anmei, para esta cultura asiática es normal que sus hijos se incorporen pronto al negocio familiar, si existe, o, en su defecto, al mercado laboral, lo que les supone una traba a la hora de relacionarse.
Aunque ya hace tiempo que se le conoce como «el gigante asiático», a los chinos aún les sorprende lo grande que es China fuera de ella.