Los pasos de 2.700 años resurgen en Tierra de Campos
La declaración de Bien de Interés Cultural otorga a Valderas una oportunidad única de recuperar sus numerosos edificios históricos, mermados por los estragos del paso del tiempo, además de un impulso al turismo en una de las zonas leonesas más
Por fin el deseo se convirtió en realidad y Valderas ha sido declarada, hace tan solo unos meses, Bien de Interés Cultural (BIC) por la Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León. Un reconocimiento que, aunque ha llegado algo tarde, llena de ilusión a los vecinos de esta villa cargada de historia y con una riqueza cultural como pocas en la provincia.
Y es que han sido 2.700 años de historia los que han dejado su rastro en Valderas, con acontecimientos tan importantes como la llegada de Napoleón, quien eligió esta villa para refugiarse en su avance por la península.
En todo este tiempo, han sido muchos los cambios experimentados hasta llegar al Valderas actual. Entre ellos, el de su propio nombre, que data de año 1145, después de denominarse
, -”que hace referencia a la abundancia de cereales y viñedos en el vall-”, Val de Heras o Valdeiras.
Además, esto supone un soplo de aire fresco para el Ayuntamiento, que, durante muchos años, ha tenido que hacer frente a los gastos que supone contar con un patrimonio cultural tan amplio, sin tener ningún beneficio por ello. Por eso ahora, con la llega del BIC, los monumentos se preparan ya para lucir una nueva imagen y lavar su cara, dejando atrás los daños causados por el paso del tiempo y el abandono de las instituciones.
Testigos
Estos monumentos han sigo testigos directos de siglos de historia que ahora transmiten más que nunca a vecinos y visitantes de esta villa cargada de tradición. Desde sus orígenes celtas hasta la Edad Contemporánea, pasando por el asentamiento romano o el asedio del Duque de Lancaster en el siglo XIV, casi todos los pasos de la historia de Valderas han dejado alguna huella. Señas de identidad que ahora vuelven a ser retomadas gracias a este impulso de las instituciones, que tendrán que hacer un gasto extra para cambiar los trajes de faena por otros de gala.
El angosto del paisaje de Tierra de Campos contrasta con la grandeza de los edificios de esta localidad, ubicada a 95 kilómentros de la capital leonesa y que cuenta con uno de los patromonios más ricos de la provincia.
Las iglesias del Socorro y San Juan, Santa María del Azogue, la Plaza Mayor, el recién restaurado Arco de las Arrejas, el seminario, el Palacio de los Marqueses de Janillo o los numerosos detalles como las casas blasonadas dan fe de la nobleza que pobló Valderas o los restos que aún quedan de su vieja muralla y que convirtieron a esta villa en una de las más señoriales de Tierra de Campos.
Sin embargo, su patrimonio artístico aún no ha recibido todo el reconocimiento que debiera, un problema al que el Ayuntamiento tratará ahora de poner fin a través de iniciativas que impulsen el turismo en la zona, para lo que ya se ha puesto manos a la obra.
A este respecto, el regidor valderense, Eloy Rubio, asegura que, aunque «aún queda mucho por hacer», los primeros pasos de este cambio ya empieza a ver la luz.Desde las primeras reconstrucciones hasta el giro que empieza a notarse en un turismo «cada vez más sereno». Un sector que, a su juicio, experimentará un crecimiento importante en los próximos meses.
La falta de recursos que ha llevado a los monumentos de Valderas a un estado crítico se ha unido a la despoblación, que se ha cebado, al igual que con otros puntos de la provincia, con la zona de Tierra de Campos. Los jóvenes no encuentran un trabajo que se adapte a sus espectativas y han sido casi todos los que se han visto obligados a abandonar Valderas en busca de una vida mejor.
Dañiña despoblación
Esta falta de población ha hecho mucho daño a Valderas que, sin embargo, ha experimentado un ligero repunte en los últimos meses en lo que a población se refiere.
Pero no solo el arte es el atractivo de Valderas, pues su gastronomía también ha hecho famosa a esta villa, por la que ya es bien conocida en la provincia, entre la que destaca el bacalao o el pan bregado. Todo un gozo para los sentidos.