Legendaria y auténtica esencia de U.S.A.
Innumerables sesiones de planificacion y estudio, junto a cientos de horas de trabajo de taller, han devuelto su esplendor original a esta joya, una harley con casi tres décadas
1979
. Jimmi Carter es el presidente en EE.UU., es el año de los pantalones de campana, de las melenas largas y del cubo de Rubik. En la radio suena Bob Dylan y Breakfast in America de Supertramp, John Lennon aún está vivo, la conquista del espacio y el movimiento antibelicista se encuentran en su plenitud y es sin duda el mejor año de ventas para la compañía Harley Davidson desde que en 1902 William Harley y Arthur Davidson soñasen con colocar un motor de gasolina en una bicicleta.
Es la hora de los
y de los motores desorbitados, de las bobber, del regreso del Vietnam, y de los ingenios mecánicos salidos de la avidez de una adrenalina que poco antes proporcionaban los Phamtom o los Huey a esos muchachos.
Mientras en otras partes del mundo la tendencia es fabricar vehículos cada vez mas ligeros y con consumos mas bajos, en América, los precios del petróleo no asustan a la hora de construir motores a lo grande como este V-Twin 1340 de Harley , el 5700 cc del Corvette Sting Gray o el 6000 cc del Cadillac Eldorado.
En este entorno nació esta magnífica unidad de Harley Davidson FL 80 Electra Glide, se fabricó en Milwakee pero vivió gran parte de su vida en Miami hasta que en 1994 vino a España.
Después de diversos avatares cayó en las manos de su actual propietario y restaurador que se encontró con un panorama ciertamente desalentador.
Aunque no parecía haber llevado una vida especialmente dura, se notaba el peso de sus últimos años de vida en los que seguramente fue tratada como una moto simplemente vieja. Ya se sabe, primero las cosas han de pasar por la prueba de ser viejas y sobrevivir, y luego si alguien las aprecia, pasan a tener la consideración de antiguas.
La moto se terminó de despiezar en el invierno del año 2007 y su reconstrucción definitiva todavía perdura a día de hoy.
Había tenido un grave cortocircuito provocado por una mala reparación y su sistema eléctrico se había fundido casi por completo, estaba llena de ñapas por todos lados. Ni las bujías, ni los cables ni los neumáticos, casi ningún conector, soportes y un largo etcétera eran los que le correspondían. El depósito de aceite tenia tanto lodo que se podían hacer estudios arqueológicos de tipos de aceite en su interior, los bombines y las pinzas de los frenos estaban taponados y así un largo etcetera, y por si eso fuera poco estaba totalmente desmontada . Por un lado chasis y ruedas y por otro una gran caja azul llena de extrañas e irreconocibles piezas.
La sorpresa fue que salvo la pintura y algunos elementos del sistema eléctrico, todo lo demás se pudo recuperar, de manera que todas las piezas son las originales, los cromados, los dos depósitos Fat Bob, el cuadro de mandos, los mandos del manillar, horquillas, carrocería... todo.
La restauración ha consistido, pues, en una recuperación a base horas de limpieza y pintura de todas y cada una de las piezas de la moto.
Al motor se le ha hecho una revisión a fondo. Se ha desmontado por completo, comprobado todas las tolerancias de pistones, segmentos, casquillos y cojinetes de cigüeñal. Se han aplicado absolutamente todos los pares de apriete y se han comprobado todos los elementos sujetos a fricción incluida la bomba de aceite.
También se ha fabricado un circuito eléctrico nuevo siguiendo escrupulosamente los esquemas originales de la marca y respetando todos los códigos de color.
Todo lo demás ha sido disfrutar del montaje pieza a pieza hasta llegar a completar el estado actual.
Tengo que decir que una vez montado y comprobado todo, el motor apenas necesitó dos giros para arrancar, debido seguramente más a su formidable construcción que a mi habilidad como mecánico.
En carretera no es una moto que ruede suave, no nos engañemos, su conducción es ruda y su comportamiento es torpe en líneas generales, tiene un consumo alto y además frena poco. Pero conducirla es toda una experiencia, mezcla tremenda de vibración, olor a gasolina y calor en los bajos (los del piloto) provocados por el enorme motor Shovel. Y lo mejor: una gran dosis de esa legendaria sensación Harley... En suma, todo un placer para los sentidos, ahora sólo me queda ponerle un nombre. Se admiten sugerencias...