Pobreza entre rejas en Bolivia
|||| Casi 200 mujeres, la mayoría jóvenes condenadas por tráfico de drogas; y sus hijos, unos 300 niños, conviven en un penal del centro de Bolivia. Las condiciones son duras pero con sus trabajos de costura, lavandería y panadería logran mitigar las barreras que les separan de la libertad.
Lo primero que llama la atención de este penal es el hacinamiento en que viven las presas junto a sus hijos, que nada tienen que ver con el delito de sus madres pero que sufren, en muchos casos desde su nacimiento o sus primeros años de vida, la falta de libertad.
«Las condiciones en la cárcel no son buenas. No hay celdas para más de ochenta o cien personas y sólo quince de ellas son individuales. El resto, duerme en el suelo o donde puede», explicó Teresa Badani, directora de la oenegé Ayni-Ruway.
La ley 1008 boliviana, que castiga el narcotráfico y limita las plantaciones de coca en el país, ha llevado a la cárcel al 85 por ciento de las reclusas de San Sebastián. Mientras, los grandes narcotraficantes siguen en la calle.