Diario de León

Reactores nucleares más seguros, eficientes y con menos residuos

Aunque se trata de una tecnología en fase experimental, los futuros reactores nucleares de cuarta generación podrían empezar a funcionar en el año 2030 y, para mediados de siglo llegar a generar el 22 por ciento de la electricidad global

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|||| Con la actual inestabilidad del precio y la lucha contra el cambio climático se ha reabierto la necesidad de seguir con las centrales nucleares y, en muchos países, defendiendo la construcción de otras nuevas. Quienes se posicionan a favor afirman que para mantener el actual ritmo de crecimiento económico y reducir las emisiones contaminantes habrá que aumentar el número de nucleares. Los que están en contra recuerdan que desechar la energía nuclear y clausurar las centrales es un problema de voluntad política porque no existen dificultades técnicas, energéticas o económicas que lo impidan.

En el planeta hay actualmente en funcionamiento 439 reactores de segunda y tercera generación, y se construyen otra treintena en nueve países (Argentina, Corea, China, India, Irán, Japón, Rusia, Rumania y Ucrania). Además, Francia ha anunciado que hará una segunda central nuclear de nueva generación (la primera deberá estar operativa en 2012), el gobierno sueco permitirá la construcción de nuevas centrales nucleares, y Reino Unido prevé la construcción de 20 plantas que deberán estar en marcha antes de 2020.

Futuros reactores

Los científicos confían en que los reactores de cuarta generación estén listos para el 2030. Con ellos se espera producir menos residuos y menos contaminantes, incrementar su competitividad económica con respecto a las actuales y que no se favorezca la proliferación de armas nucleares. La tecnología de cuarta generación se centra en seis tipos de reactores que se diferencian básicamente en el refrigerante que utilizan, y que se dividen en dos grupos, los termales y los rápidos. Entre los primeros se trabaja en los de «muy alta temperatura» (hasta mil grados centígrados) que, además, servirían para producir hidrógeno; en los «supercríticos de agua», cuya temperatura y presión se encuentran en su punto crítico termodinámico, lo que aumentaría la sencillez y eficiencia energética de las futuras plantas y permitirían generar electricidad a bajo coste, y los reactores de «sal fundida», refrigerados con este producto.

En cuanto a los reactores rápidos, se investiga en el «refrigerado por gas», con el que se quiere conseguir mayor eficiencia en la conversión del uranio y en la gestión de los actínidos (elementos químicos usados para obtener energía atómica), el «refrigerado por sodio», que busca aumentar la eficiencia del uso de uranio y eliminar los isótopos transuránicos (los de número atómico mayor de 92), y el «refrigerado por plomo», cuyo enfriamiento se produce por convección natural, y que también podría utilizarse para producir hidrógeno.

Desde el sector nuclear se siguen defendiendo las ventajas de esta fuente de energía, a la que según un acuerdo internacional se considera doméstica porque el uranio se almacena fácilmente, ocupa poco espacio y su precio es estable. Además, no dudan en calificarla como «limpia», ya que no emite gases de efecto invernadero. Recuerdan, además, que una central nuclear puede funcionar más de 8.000 horas al año mientras que la eólica lo hace una media de 2.500, sin olvidar que mientras un kilovatio/hora eólico o fotovoltaico cuesta unos 70 céntimos, el nuclear apenas supera el céntimo.

La cuarta generación de nucleares, además de un avance para el sector supone una necesidad ya que, al ritmo actual y, según la OCDE, las actuales plantas podrían acabar con el uranio en un siglo. Según este organismo internacional, las centrales del planeta producen actualmente un 16% de la energía que se consume, cifra que se elevaría al 22% a mediados de siglo, para lo que entre 2030 y 2050 habría que construir 50 reactores cada año.

Algunos países ya se han puesto a trabajar y según la Asociación Mundial Nuclear ya hay aprobadas más de 90 nuevas plantas. Es el caso, por ejemplo, de Estados Unidos que cuenta con 20 solicitudes para otros tantos reactores, y de China, que quiere multiplicar por cuatro su capacidad nuclear para 2020. En la UE, por su parte, los 151 reactores en funcionamiento proporcionan la tercera parte de la electricidad que consume.

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