Parador de Limpias
Rodeado de naturaleza y como salido de un cuento, se esconde una de las joyas más singulares de Cantabria, el Parador de Limpias, a tan sólo 10 kilómetros de la costa y bañado por el río Asón
|||| Rodeado de naturaleza y como salido de un cuento, se esconde una de las joyas más singulares de Cantabria, un lugar nacido para el descanso que sirvió como centro de algunos consejos de ministros en la época de Alfonso XIII. El parador de Limpias, cuyas raíces se asientan sobre la finca de El Castañar, se encuentra a tan sólo 10 kilómetros de la costa y bañado por el río Asón.
Este palacio de estilo rústico, reconvertido por Paradores en un hotel de cuatro estrellas, es un claro ejemplo del modernismo del siglo XIX. Un cubo con cuatro pseudotorres en las esquinas, en el que sobresalen la mampostería de sus muros que contrasta con los esquinales y sobre todo los grandes balcones y una portalada historicista con una clara derivación hacia el modernismo.
Las 65 habitaciones del parador, siete con salón, han sido amuebladas con gran riqueza de detalles, muebles de madera de castaño con aspecto actual y magníficos cabeceros de madera tallada con formas inspiradas en la naturaleza de la zona. El Hotel dispone de todos los servicios correspondientes a un establecimiento de esta categoría con el valor añadido de unos amplios jardines (55.000 metros cuadrados), piscina, gimnasio, pistas de tenis y paddle, además de unas instalaciones idóneas para la celebración de todo tipo de banquetes, reuniones sociales y convenciones de empresa. En cuanto a equipamiento técnico el Parador de Limpias cuenta con todas las novedades incluyendo el servicio de televisión interactiva y línea ADSL en todas las habitaciones.
Un salón social y una sala de lectura sirven como vestíbulo a la cafetería, de colores claros y con textiles verdes y rojos. Merece destacarse la chimenea original en madera tallada que preside el salón central. Desde todo el interior se puede disfrutar de las vistas al fantasioso jardín que lo rodea.
Y como broche de oro, una variada oferta gastronómica que invita a realizar un fascinante recorrido por la cocina cantabra, destacando tres tipos de platos: los cocidos de alubias o garbanzos, en especial el cocido montañés, que es el símbolo de la cocina cántabra, los pescados -”salmón, trucha, bonito, sardina y langosta-” con los que se elabora la marmita (típico plato marinero) y los quesos -”el queso picón de Treviso, el ahumado de Aliva y los quesucos lebaniegos-”. La quesada, el arroz con leche, la leche frita y los sobaos pasiegos son los postres más habituales.