Diario de León
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León

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|||| Todo el que haya saludado más de una vez a Antonio Vega, a la segunda se habrá encontrado con un: «¡Qué pasa, tío!» El ídolo, el mito vivo, se hacía así cercano pese a haber musicado los grandes momentos de la vida de muchos. Cuando en 1980 sale Nacha Pop , su primer disco, y se descubre que hay una canción que se llama Chica de ayer , pocos intuían que firmaban la canción que les haría pasar a la historia. Después llegó Buena disposición , tal vez la obra más completa de Nacha Pop y de Antonio Vega en cuanto a calidad, canciones y apuesta de estilo. Y, posteriormente, obras deslavazadas que anunciaban despedidas, sin ser impedimento para que, en un par de canciones, Vega demostrara que su talento seguía intacto.

Siempre unidos a la paradoja y las circunstancias especiales, cuando Nacha Pop decide separarse a causa del desgaste de unas relaciones personales que hacía tiempo ya se habían resquebrajado, su último esfuerzo consiste en el disco en directo Nacha Pop 1980-1988 . Grabado en la desaparecida sala Jácara, este disco es su zenit en cuanto a ventas y éxito. Pero ya era demasiado tarde y ellos, tan honestos, ni tuvieron la intención de completar el lanzamiento con la gira de turno.

En 1991, Antonio Vega despacha un consistente primer trabajo en solitario, No me iré mañana , que abre un periodo de cierta intermitencia, marcado por achaques de salud e intensos acontecimientos personales. Océano de Sol , Anatomía de una ola o De un lugar perdido , con un Básico de gran aceptación, son parte de su obra en solitario, que culmina con 3.000 noches con Marga .

Al final, resulta que Antonio Vega había vuelto al principio: era un hombre pegado a una guitarra. Una noche en A Coruña, después de un concierto, Vega comenzó a preguntar por una de sus guitarras. «Tranquilo, Antonio, está en el camión!», le dijeron. «Ya, pero yo quería llevármela al hotel. Quería dormir con ella», contestó. Y hubo que descargar parte del equipo para llegar a ese instrumento. En el medio de la noche, con el Atlántico de fondo sonoro, Antonio Vega se fue caminando por Riazor con su guitarra como compañera. A alguien le vino a la cabeza aquello de: «Si ahora me voy, de quién serán las pisadas que oirás llegar».

Pero lo mejor del genio Vega era que te dijera: ¡Qué pasa, tío!

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