El vino más caro
|||| Es difícil decidir cuál es el mejor vino. Seguramente, si escogemos tres personas y les damos un año de tiempo, no se pondrían de acuerdo acerca de cual es, en términos absolutos, el mejor vino del mundo. Y posiblemente, nos pasaría lo mismo, si preguntamos cual es el mejor restaurante, la mejor zona de veraneo o el mejor coche. Como dice un amigo mío, para gustos, Mastercard. Sin embargo, hay algo perfectamente cuantificable y en lo que no nos cabe la menor duda, el precio. Hay una especie de morbo en la cuestión. Todo el mundo quiere saber cual es el vino más caro que has bebido o que has visto o que se ha llegado a pagar. Ahora bien, señalar cual es el vino más caro tampoco es tan sencillo. Verán, podríamos decir que hay tres categorías de vinos caros: los de coleccionista, los que alcanzan esta cima porque pertenecen a una añada excepcional y los vinos de moda. De todos estos, comenzaremos hablando por la primera categoría: vinos imbebibles, por cierto. Existen unas botellas que llamamos de coleccionista; estas botellas están destinadas a no abrirse y a conservarse así, tal cual: cerradas a cal y a canto. Sencillamente, porque seguramente el vino esté malo. Se trata de botellas que son viejas, viejísimas en las que en muchos casos tenemos que sumar algún acontecimiento que resalta su valor. Por ejemplo, porque la firmó un artista, perteneció a algún ilustre personaje o ha sobrevivido vicisitudes, como guerras, asaltos o naufragios. Como cualquier otro objeto de coleccionismo su valor no reside en el contenido, sino en la historia particular y en la propia edad que representan. Son botellas que se subastan en lugares, como Sothebys o Christies y que alcanzan precios astronómicos... pero no por su vino. Desgraciadamente malo.
En término absolutos, hasta ahora el vino que ha alcanzado el precio más alto ha sido un Ch¢teau Lafitte de 1787. Este vino de Burdeos, más concretamente del Médoc, se subastó en Christies, adjudicándose por 110.411 dólares. El segundo en la lista sería también un vino de Burdeos. Pero muy diferente al anterior. Ahora hablamos de un vino blanco dulce, elaborado en Sauternes. Se trata del mítico Ch¢teau de Yquem, también de 1787, por el que se llegaron a pagar 100.000 dólares en la Antique Wine Company de Londres. No me nieguen que no tiene su encanto pensar que cuando las uvas de estos vinos de 1787 eran vendimiadas, George Washington era el primer presidente de los Estados Unidos, la revolución francesa estaba al llegar y James Watt desarrollaba la máquina de vapor. También marcó un hito el australiano Penfold-™s Grange de 1951 que se vendió por unos 40.000 dólares ya que fue el primer vino de este país en alcanzar ese olimpo reservado para vinos franceses. En cuanto a vinos californianos, Inglenook Cabernet Sauvignon de 1941 de Napa Valley se vendió en Zachys en el 2004 por 24.675 dólares. Que tampoco está nada mal. El Romanée-Conti de 1875 salió por 20.000 dólares. La ventaja de éste es que si se perdió la ocasión, aún puede acercarse al Hotel Graycliff de Nassau (Bahamas) y disfrutar de este Borgoña de 134 años por 90.000 dólares. Aunque, como experta, debo advertirles que no se molesten porque estará malo. Recientemente, se subastaron dos Doble Magnums de Vega Sicilia Único de las añadas 1987 y 1989, donados por la familia Álvarez (propietaria de la bodega) que alcanzaron los 100.000 dólares en el Festival Benéfico Naples Winter Wine celebrado en Florida. La diferencia es que estos están perfectos para beber y disfrutarlos; aunque igual se les caen las lágrimas pensando que cada copa les costará 4.000 dólares. Dejaremos para la semana que viene las otras dos categorías de vinos caros, que nos han quedado en el tintero: las grandes añadas y los vinos de moda.