Los problemas de Russian Red
La artista quiere rescindir un contrato con su compañía discográfica que no le convence tras el crecimiento de sus expectativas artísticas
A las expresiones típicas del artista novel que recibe el beneplácito de todo el mundo, tal es el caso de Russian Red-Lourdes Hernández, esto es: «Estoy como en un sueño. Todo está siendo tan rápido-¦», ahora le toca un ataque de realismo para atisbar de qué va el negocio. Eso por un lado, y, por otro, el aprendizaje personal de medir los propios impulsos.
De todos modos, es el caso típico: Compañía pequeña edita disco de nuevo artista, éste da la campanada y lo que ayer eran buenas palabras de amigos para siempre se convierte en un no quiero ni verte que a la vuelta de la esquina me espera una multinacional. Ha pasado y pasará. El disco es I love your glasses , la compañía es Eureka y la artista: Russian Red. Y hay casi tantas versiones como protagonistas.
Por un lado hay que advertir que cuando firmó su contrato, al parecer nadie apuntó a Lourdes Hernández con una pistola y que lo hizo porque quiso y porque le parecía conveniente. Eso sí, se trataba de un contrato largo. Demasiado. Y ahí entra en juego, dentro de la más estricta legalidad, el ventajismo de negociar con alguien aún bisoño en el negocio, como era el caso de Russian Red. Y al otro lado de la cancha, Lourdes Hernández. Que quiere, por las razones que le dé la gana, rescindir un contrato que no le convence. ¿Un motivo? Que sus expectativas artísticas han crecido tanto que se la rifan y quiere su trozo de la tarta. Y asuntos internos que ninguna de las partes se ha dignado en aclarar.
Así que, en definitiva, como volverá a pasar, al menos sirva de aprendizaje para los jóvenes que empiezan (por cierto, muchas chicas a los Russian), y lean lo que firman y sean conscientes de que son el eslabón más débil del negocio. Que para rescindir un contrato de esos, como es el caso de Hernández, tampoco parecen suficientes 40 millones más la cesión de Bojan-¦ Por poner un ejemplo.