Diario de León
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A unque el sector de la acuicultura ha promovido la idea de que su actividad es imprescindible en el abastecimiento de pescado a nivel global y que reduce la presión sobre los recursos marinos sobreexplotados, en el caso de los peces carnívoros y de los langostinos, la ingestión de proteína supera la producción final, y tiene consecuencias negativas para el medio ambiente como el deterioro de los ecosistemas litorales y el impacto sobre las especies salvajes que se usan como alimento. Desde Greenpeace se afirma que la acuicultura no reduce la presión sobre las pesquerías porque se utilizan peces para la elaboración de harina y aceite de pescado para alimentar a muchas de las que se crían y engordan en las granjas. También produce contaminación química ya que a las jaulas y estanques de producción se añaden gran cantidad de productos químicos y de fármacos para controlar virus, bacterias, hongos y otros patógenos. Además, los desechos de nitrógeno y de fósforo procedentes de los excrementos pueden llegar a provocar un exceso de fitoplancton, con la consiguiente eutrofización y desequilibrar el ecosistema.

Para paliar estos impactos, piden cultivar las especies más bajas de la cadena trófica (herbívoros y omnívoros), en vez de los grandes depredadores, como se ya se hace en China, o investigar fórmulas alternativas para la cría de carnívoros con algas o bacterias, lo que propiciaría prácticas sostenibles.

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