Diario de León

El legado astur-leonés

La profunda relación existente entre el Arca Santa de la catedral de Oviedo y las pinturas del Panteón Real de San Isidoro

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ÁNGELA FRANCO ÁNGELA FRANCO PERTENECE AL departamento de antigüedades medievales DEL museo arqueológico nacional
León

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El Arca Santa o Arca de las reliquias es una de las obras más representativas de la platería románica asturiana, vinculada al rey Alfonso VI (1065-1071), como donante de la misma a la catedral de Oviedo. Esta aseveración se ha generado a partir de la indicación de Manuel Gómez Moreno, al insertar la fecha de 1075 en el espacio dañado de la inscripción de la placa superior -” El Arca Santa de Oviedo documentada , Archivo Español de Arte, t. XVII, Madrid, 1945, pp. 125-136-”. Recordaba en él el documento 72 del Archivo de la Catedral de Oviedo, datado el 14 de marzo de 1075, que proporciona dicha fecha como la de la donación a la catedral. Comparten esta opinión Ramón Platero Fernández-Candosa y Agustín Hevia Ballina -” Arca Santa o de las Reliquias, Orígenes. Arte y Cultura en Asturias. Siglos VII-XV, catálogo exposición, Oviedo,1993, pp. 248-251, n. 160-” y más recientemente Mª Soledad Álvarez Martínez -” El Románico en Asturias, Gijón, 1999, p. 270-”. La autenticidad de este documento ha sido puesta en tela de juicio por Bernard F. Reilly, argumentando que se trata de un producto de la rivalidad entre Oviedo y Santiago de Compostela y lo pospone al siglo XII -”B. F. Reilly, The Chancery of Alfonso VI, Santiago, St. Denis, and St. Peter, Nueva York, 1985, pp. 1-40, sobre todo p. 7, nota 40-”. Julie Harris revisa la literatura artística y, esgrimiendo diversos argumentos, llega a la conclusión de posponer la datación a comienzos del siglo XII, durante el mandato del obispo Pelayo (1101-1130) -” Arca Santa of Oviedo, The art of medieval Spain, A.D. 500-1200, Nueva York, 1993, pp. 259-260, n. 124; Id., Redating the Arca Santa of Oviedo, Art Bulletin, LXXVII, 1, 1995, pp. 83-93, sobre todo p. 87, nota 23-”. Por mi parte, estoy más de acuerdo con Gómez Moreno no sólo por los aspectos documentales, sino también por las concomitancias con obras relacionadas con la realeza, de forma que se hace difícil ignorar su relación con ambientes palaciegos.

Su estructura y dimensiones propenden a considerar su uso como altar en ceremonias especiales. Recuerda un perdido altar de la catedral de Santiago de Compostela, analizado junto con otras preseas por Serafín Moralejo -” Ars Sacra et sculpture romane monumental: le trésor et le chantier de Compostelle , Les Cahiers de St. Michel de Cuxa, 11, 1980-1982, julio, pp. 190-238; Id., Les arts somptuaires hispaniques aux environs de 1100 , Les Cahiers de St. Michel de Cuxa, 13, 1983, julio, pp. 285-303-”. El arca fue construida para contener multitud de reliquias, entre ellas, un fragmento del lignum crucis, que se enumeran en la larga inscripción, en latín, grabada sobre la cubierta, que traducida al español, dice así dice así: «Toda la asamblea del pueblo católico adepta a Dios conozca qué ínclitas reliquias se veneran dentro de las preciosísimas entrañas de la presente arca; esto es: mucho del leño, o sea de la cruz del Señor; de su vestido, que fue dividido por suertes; del pan deleitable, de que hizo uso en la cena; del sepulcro del Señor, y de su sudario, y de su santísima sangre; de la tierra santa que entonces holló con piadosos vestigios; de las ropas de la Virgen María, su Madre; también de su leche, lo que es muy admirable. Y a estas reliquias están unidas igualmente algunas otras de santos muy aventajadas, de quienes, en cuanto pudimos, aquí suscribimos los nombres; esto es, de San pedro, de Santo Tomás, de San Bartolomé, de los huesos de los profetas y de todos los apóstoles, y de otros muchísimos santos, cuyos nombres sólo recoge la sabiduría de Dios.

Para todas ellas el egregio rey Alfonso, dotado de humilde devoción, hizo este receptáculo, por dentro exaltado con las prendas de los santos, por fuera adornado con obras de arte no viles, por lo que después de su vida merezca la compañía de aquéllos en las mansiones celestiales y ser ayudado por sus oraciones. De cierto estas prendas saludables y venerados dones conoció toda la provincia en la era, sin duda, 1113, por mano e industria de los clérigos y obispos, que por esto nos reunimos con dicho Alfonso príncipe y con su gratísima hermana llamada por nombre Urraca, a quienes el Redentor de todos conceda indulgencia y perdón de sus pecados por estas prendas de los santísimos apóstoles y mártires; esto es, de los santos Justo y pastor, Adriano y Natalia, Cosme y Damián, Julia, Verísimo y Máximo, Germán, Baudulio, Pantaleón, Cipriano, Eulalia y Sebastián, Cucufate, Félix, Sulpicio». De dicha narración, se desprenden varios datos, sobre los cuales incidiré.

J. Harris ha efectuado un análisis documental, iconográfico y estilístico muy enriquecedor, pero no se han despejado todavía todos los interrogantes sobre el programa iconográfico-litúrgico, para el que formulo algunas propuestas. La placa de la Maiestas Domini, emplazada en el frente del arca, está inscrita en el tetragonum o tetragonus mundi, elemento que se repite en manuscritos carolingios; está rodeada del apostolado, situado en doble registro a ambos lados. John Williams piensa que dicho tema está inspirado en un frontal de altar tejido perdido, donado por Alfonso III a la catedral de Oviedo en 908, -” The Moralia in Iob of 945: Some Iconographic Sources , Archivo Español de Arqueología, XLV-XLVII, 1972-1974, p. 233, n. 41-”, lo cual significaría un claro respeto por la tradición asturiana. J. Harris llama la atención sobre la iconografía de Santa Ana, presente dos veces tanto en el arca, como en las pinturas del Panteón de los Reyes de León, en San Isidoro, datado bastante antes de 1149 -”Antonio Viñayo, San Isidoro de León. Panteón de los Reyes. Albores románicos: arquitectura, escultura, pintura, León, Edilesa, 1995, p. 34 o en la segunda década del siglo XII [J. Williams-”. Lo que no contempla J. Harris al respecto, es que no figuran las reliquias de la madre de la Virgen entre las guardadas en el arca; por el contrario, invoca como justificante de la devoción de Santa Ana la traída de reliquias desde Constantinopla por los cruzados en 1204, ¡un siglo más tarde!, por lo tanto, nada añade a la motivación de la doble presencia de Santa Ana. Pero, y sigue indicando, el obispo Pelayo estaba interesado por las genealogías de Cristo, aludiendo a una inscripción suya en un libro examinado por Ambrosio de Morales.

La Genealogía de Cristo contiene un claro sentido catequético y se hallaba muy divulgada a lo largo de la Edad Media. La Historia Scholastica de Petrus Comestor era la más popularizada -”Incluida en la Patrología Latina , de Migne vol. 198, Col. 1049-1722-” y con ella se inician los Beatos mozárabes y Biblias. Así pues, la figura de Santa Ana está justificada desde esta consideración genealógica de Cristo. Las reliquias se vinculan tanto al Antiguo Testamento, como el bastón de Moisés en el paso del Mar Rojo, como al Nuevo, poniéndose especial énfasis en Cristo, la Virgen Apóstoles y santos, muchos de ellos venerados en la liturgia hispánica. Las reliquias de algunos santos proceden de Toledo, como Santa Eulalia de Mérida y San Pelayo, entre otros.

Habida cuenta de las relaciones estilísticas con el Liber Testamentorum -”Archivo de la catedral de Oviedo, ms. I-” realizado en Sahagún hacia 1118, advertidas por la investigadora norteamericana, y la representación del rey Alfonso II el Casto de rodillas ante la Maiestas, identificado por su nombre en capitales, de la misma manera que Fernando y Sancha, rey asimismo nominado, postrados de hinojos en el episodio de la Crucifixión del Panteón Real, estimo que la vinculación del arca con la corte real es bastante lógica. La figura del crucificado es idéntica en el arca y en las pinturas.

Por otra parte, y esta es otra de mis propuestas, Urraca, la encargante y patrocinadora del Panteón Real, bien pudo inspirarse en el programa iconográfico del arca, paralelo en los dos conjuntos, derivados tal vez, en un modelo común o servir el arca de inspiración para el programa iconográfico del Panteón regio.

El programa iconográfico de las pinturas de San Isidoro se inscribe en un esquema global, que se corresponde con los tres ciclos del año litúrgico: Adviento-Navidad, Cuaresma-Pasión y Pascua-Glorificación. La comparación con el esquema del programa del Arca Santa es ilustrativo para deducir la conclusión. Las relaciones entre una y otra corte perviven en las personas de los hijos de Fernando y Sancha, Alfonso VI y Urraca.

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