Cuando Sr. Chinarro opta por mirar atrás
Él se llama Antonio Luque y es ese tipo de artista al que un amigo del trabajo tiene en lo más alto de su particular altar. Puede que, entonces, le eches un vistazo y confirmes que no está mal, incluso en una apresurada primera pasada. Más adelante, otro amigo, igual de melómano, con el que te unen otros gustos, un buen día planetero te asegura que el tal Luque, que firma sus conciertos y discos como Sr. Chinarro, es un imperdible al que sería un derroche dejar pasar de lado. Y entonces descubres que no solo no está mal, sino que está pero que muy bien. Y resulta que por otras vías Sr. Chinarro ya existe en tu vida, y hay discos suyos en la estantería. Vergonzosamente, en todos los sentidos, uno de ellos cerrado. Una promo que se quedó encerrada en celofán, por tanto.
Uno tiene la sensación de que a Sr. Chinarro, donde demonios acabe la persona y comience el personaje y viceversa, le resultaría igual de apasionante que le contaras que aquel cedé de El mundo según está gastado (sí, los cedés se llenan de minas anti canciones de modo que no se pueden ni escuchar) o que otro se te quedó en la estantería de los justos. Él, a lo suyo. A crear.
Pero este hombre tiene un discazo reciente que se llama Ronroneando , a encontrado una afición que es la de escribir en la que se siente encantado, y en sus últimos conciertos le ha dado por mirar atrás y rescatar canciones que no tocaba y que forman parte de una carrera en la que lleva más de diez discos. Y resulta que Sr. Chinarro es un grande con toda la pinta de que tiene la próxima década por delante en forma de nuevos proyectos y grandes canciones. Que cuando mira hacia atrás ve tan bien, como cuando lo hace hacia al futuro.