CANTO RODADO

anata

la utopía de volver a la tierra se cumple en los rituales del carnaval de oruro, en bolivia, como también en los antruejos y guirrios de león

León

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América siempre ha sido una utopía. Colón quería ir a las Indias y acabó descubriendo un continente ‘nuevo’. Y detrás de él llegaron gentes en oleadas. A conquistar, a evangelizar... En busca de fortuna. De ahí viene la expresión ‘hacer las Américas’.

Y detrás de utopías saltó el charco, hace 25 años, Nicolás Castellanos, un agustino nacido en Mansilla del Páramo que levantó una polvareda enorme cuando decidió dimitir como obispo de Palencia y dedicarse a hacer misiones en Bolivia. Su lema es «nada para los pobres, todo con los pobres».

El 16 de enero de 1992, curiosamente el año del quinto centenario del descubrimiento de América, se presentó en Santa de la Sierra, la capital del departamento que el viernes le honró con la distinción Melchor Pinto Parada en reconocimiento a la labor que ha realizado en el plan 3000, un barrio surgido en el sexto anillo de la ciudad a raíz de la evacuación de los supervivientes del ‘turbión’ de un río en 1983.

Parte de esa obra es producto de las aportaciones realizadas por diferentes instituciones españolas, entre ellas la Diputación de León, la Junta de Castilla y León, la antigua Caja España... así como la multitud de donantes particulares y la generosidad del voluntariado que durante este cuarto de siglo ha reclutado para el proyecto Hombres Nuevos.

Contrastes

A sí que algo o mucho de esta tierra que ahora me queda a 8.800 kilómetros de distancia hay en esta ciudad de Santa Cruz de la Sierra que piso por unos días, coincidiendo con las vísperas del carnaval, día de feria o fiesta nacional en Bolivia. Una ciudad en la que la vegetación y el canto de los pájaros contrasta con el ruido de las avenidas repletas de micros y vehículos destartalados. La basura con la belleza de las flores y las casas humildes con los algunos edificios de nueva planta con moderno diseño como el de la Escuela Nacional de Teatro, creada precisamente por el obispo palentino-leonés.

Santa Cruz es la capital económica de Bolivia, una extensa ciudad que ha crecido a un ritmo vertiginoso y acaba de cumplir 450 años desde su fundación. El municipio lo celebró con un acto solemne en la plaza 24 de septiembre. Pero los servicios y las infraestructuras van muy por detrás del aluvión de habitantes que la forman, emigrantes del campo y zonas andinas, incluso de La Paz.

Como Israel, el sacristán de la iglesia chiquitana que se erige como una catedral en medio del plan 3000. Bajo el techo del grandioso templo nos habla de la revolución cultural que suponen los nuevos vientos que soplan en América del Sur. Esos que llaman populismo.

Precisamente, esta semana partidarios y contrarios de que Evo Morales concurra por cuarta vez a unas presidenciales se midieron en las calles y en los letreros del país. No hay sitio mejor que una iglesia para hablar de estas cosas, asegura, porque desde los púlpitos se contribuyó la desvinculación con su cultura original, la de las civilaciones precolombinas. Esas culturas que celebraban la Anata, la fiesta de la siembra, transmutada en carnaval por la influencia católica.

Volver a la tierra

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L a utopía de volver a la tierra se cumple con los rituales bailes del carnaval de Oruro, la más ancestral de todas las fiestas carnestolendas que se celebran en Bolivia y posiblemente en América Latina. Como antiguos y enraizados en la mitología popular son los afamados antruejos y guirrios leoneses que tan bien conservan en pueblos con Llamas de la Ribera, Velilla de la Reina y Alija del Infantado. Volver a la tierra es una utopía en este tiempo en que la humanidad indaga en el espacio sideral en busca de nuevos planetas. Creemos que la tierra nos pertenece y ahora también el universo. Y no es verdad. Pertenecemos a la tierra. O quizás ya no...