CANTO RODADO

valeria

hoy, con los capillos arriba, león empieza a darse de bruces con la realidad. para mucha gente la procesión va por dentro: esperan una oportunidad

León

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Semana de Pasión tórrida y Pascua tormentosa. Gabo, el maestro, se marchó despacio, vestido con con su guayabera blanca. Como aquella mañana lejana en Estocolmo. Temblaba la tierra en México DF, desde Chile hasta Asia. Sangraba la luna. La ciencia atisbaba un planeta gemelo en otra galaxia, a 500.000 años luz. Regresó la pregunta: ¿Habrá vida allí? Y resucitó Aureliano Buendía. Cincuenta años después de Cien años de soledad el mundo sigue lleno de «curiosos asomados al precipicio de la incertidumbre».

La realidad, dijeron, se había detenido. Sólo se movían las procesiones: las religiosas, de entierros y encuentros; las paganas, de orujo y tambor; y las caravanas de coches en un continuo y ordenado desfile por las carreteras del país. Haciendo su calvario de atascos, radares y atragantones con el precio de la gasolina.

También andaba por ahí Cirilo, el de Manolo Jular, saltando de viñeta en viñeta en el Museo de León. Resucitando la transición de la mano de Comisiones Obreras con el legado de más de 20 años de humor gráfico del pintor leonés nacido en el año que los suyos perdieron la guerra. Todo nos llevaba al pasado. A veces parece tan presente que da escalofríos.

Fantasmas

Casi sin querer, en este viaje fantasmal y en pleno domingo de Ramos, nos metimos en el contubernium . Y nos imaginamos a los soldados de Roma dormidos en unas literas que, según las malas lenguas, parecen de Ikea más que de la época Augusto. Había ocho aunque deberían de ser seis, pues los romanos, antes que los chinos, inventaron las camas calientes: mientras dos soldados hacían guardia los otros seis descansaban.

No hay que fiarse de las malas lenguas y hay tener más confianza en los arqueólogos, pensé. Allí vimos, en una foto, lo que pudo ser y no ha sido del vicus de Puente Castro. La sinrazón de una ciudad que entierra la oportunidad de tener un verdadero León Romano. La Casona de Puerta Castillo fue una procesión continua de gente. Un éxito del pasado inmediato, de la época de Zapatero, aunque esté mal decirlo, al que saca lustre Gutiérrez y su séquito. Bien está empezar por algo. Pasen y vean.

Silenciadas

Los poderosos primero, el pueblo después se asomaron al contubernium . Los mandatarios apenas asomaron la cabeza. Convienieron que no era su lugar. Lo suyo era pasear por la muralla, aún vedada al soldado raso. El gentío incensante vio lo que hay que ver: mucha noticia de la guerra y poca información de la vida cotidiana en la primigenia León. Me encontré felizmente, en otra sala, con Valeria y Postuma Marcela, las dos únicas mujeres que salen a la luz.

No hay lugar para las mujeres en esta historia. Aunque estoy segura de que ellas estaban ahí. Valeria, otra Valeria que no era la esposa del legado, entró en el contubernium y despertó a los soldados dormidos. Espabiló y dio de comer a la tropa. Sopas de pan y vino. Avivó el fuego. Y se llevó sus ropas a lavar al río. Pudo ser una esclava. Es una fábula.

De bruces

Hoy, con los capillos arriba, empieza León a darse de bruces con la realidad. La hostelería hará balance positivo de los festejos, sin convenio y sin límites de explotación. Jornadas de doce y catorce horas. De sol a entrada la noche. Por culpa de Genaro, seguro.

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Para mucha gente, y no es por hacer la Pascua, la procesión va por dentro. Esperan una segunda oportunidad: «Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a 100 años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra». Lo dijo Gabo hace 32 años en Estocolmo. Felices Pascuas Floridas.