margarita | bolivia
«Mantego a mi familia con lo que ganó aquí de interna»
Muchas noches Margarita llora pensando en su hija pequeña, de seis años, o el mayor, de 20, que estudia medicina en Cuba y hace cinco años que no le ve. Desde hace tres está en León. Llegó a Acevedo para cuidar a una señora y cuando falleció encontró trabajo como interna en otra casa gracias a la ayuda de Cáritas.
«Tuve suerte. Me trataron muy bien. Donde estuve trabajando la primera vez es como mi segunda casa», declara esta mujer boliviana que mantiene a su familia con el sueldo de empleada de hogar: «Mi marido está con los chicos y la niña en Santa Cruz. Hay noches que pienso: ¿Por qué no me habrán tratado mal para que no esté aquí? Quizás el esfuerzo y lo que ganamos no compensa el vivir separada de una niña tan pequeña», reflexiona con una voz que suena dulce y sincera.
Ella se queda con 40 euros y el resto del sueldo se va para Bolivia y para Cuba: «Mantengo a mi familia con lo que gano de interna». Este sueldo le permite cumplir, además, un gran sueño: «Cuando llamé a mi hijo por teléfono y en el hospital dijeron por megafonía: Doctor Mendoza, le llama su madre de Bolivia sentí un gran orgullo». Su hijo mayor termina la carrera de medicina en Cuba, donde está becado.
Margarita cuida a un matrimonio con gran dependencia, aunque no podría hacerlo «sin la ayuda de las hijas que se van turnando», y también hace la limpieza. Apenas sale de casa, el trabajo absorbe casi las 24 horas: «Esto es ser emigrante», dice Margarita.