Cinco jefes han acabado en la cárcel en menos de dos años
Ibon Gogeaskoetxea apenas ha logrado estar diez meses al frente de ETA. Sin embargo, ese corto lapso de tiempo es un récord de permanencia en la cúpula de una banda que ha visto como sus últimos cinco máximos responsables han caído en manos de las fuerzas de seguridad en sólo dos años.
El primer gran golpe a la jefatura de ETA tras la tregua tardó en llegar. Los servicios de Información, en pleno alto el fuego, no lograron avanzar en las investigaciones. No fue hasta el 21 de mayo del 2008, cuando la Guardia Civil y la Gendarmería capturaron en Burdeos a Javier López Peña Thierry, y a tres de sus lugartenientes.
Las fuerzas de seguridad no tardaron ni medio año en pillar a Garikoitz Aspiazu Txeroki, el 17 de noviembre del 2008, en la estación de invierno de Cauterets. Su sucesor, Aitzol Iriondo Gurbitz, del que se temía que se convirtiese en un nuevo icono para los terroristas, fue capturado el 8 de diciembre en la localidad de Gerde, cerca de Tarbes. No había estado ni tres semanas al mando de los comandos de ETA.
Tampoco fue mucho más dilatada la carrera directiva del sucesor de Gurbitz. Jurdan Martitegi, el temido jefe del comando Vizcaya que sembró el terror en el 2007 y el 2008, cayó en la localidad gala de Montauriol el 18 abril de 2009. Sólo llevaba cuatro meses al mando cuando fue capturado mientras despedía a Alexander Uriarte, a quien enviaba a montar un comando en el País Vasco, la misma ceremonia que ayer practicaba Gogeaskoetxea con Beñat Aguinagalde y otro etarra sin identificar.