Diario de León

Reportaje | f. ramos / a. caballero

Pero nadie perdió los papeles

Aparicio y Viñayo cerraron sus discursos de memoria, tras extraviar ambos el último de sus folios escritos

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León

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El prólogo de los discurso del Rey y el presidente de la Junta se quedó con dos páginas menos. Una por cabeza, que extraviaron el comisario de los actos del 1.100 aniversario, Juan Pedro Aparicio, y el abad emérito de la Real Colegiata de San Isidoro, Antonio Viñayo. Dos intelectuales que supieron solventar el cierre de sus alocuciones confiados en la memoria vívida, mientras que el vicepresidente tercero del Gobierno y ministro de Política Territorial, Manuel Chaves, se atuvo al guión que le habían preparado y en el que entró con sorna: «Espero no perder los papeles», ironizó.

El primero en visitar el atril fue Aparicio. Prolijo en el relato histórico, el escritor leonés concedió que «no ha sido sólo la magia, sino la sustancia del Reino, lo que nos ha motivado, un reino que pertenece a la historia y que se oculta o tiene su morada en las raíces constitucionales de España y, en cierta medida, en las de Europa». «León está en las raíces. Su savia es el legado que han transmitido el genio institucional de sus reyes y sus gentes», argumentó el comisario de los actos de conmemoración, después de extenderse en «una de las mayores hazañas de España», como las primeras cortes democráticas y los derechos ciudadanos que nacieron a partir de ellas, impulsados por Alfonso XIX. «Hay mucho que celebrar en León y no es antiguo, sino moderno, y constituye un factor más de legitimación de esta monarquía que tan dignamente encarnáis», halagó el literato a Don Juan Carlos y Doña Sofía.

En el relevo, Antonio Viñayo completó la importancia dada al Camino de Santiago por Aparicio, quien recalcó que «no sería lo que es sin los reyes leoneses». El abad emérito reseñó el «intercambio cultural de ideas, artes y técnicas» de la ruta Jacobea, señaló las diferentes rutas que lo nutren y se paró en su retiro. «Yo me vuelvo a San Isidoro, donde llevo más de 50 años cuidando los sepulcros de los reyes, adorando al santísimo sacramento y rezando por el eterno descanso de los Reyes de León. Ellos levantaron la Colegiata y ahí escondieron el mayor tesoro de Europa, que hoy está disperso y que no he conseguido reunir salvo para una exposición», lamentó.

A Chaves le quedó el protocolo. El representante del Gobierno se agarró al preámbulo del estatuto de autonomía para apuntar que el viejo reino es «uno de los componentes fundamentales de Castilla y León» y apostó por vislumbrar, con la conmemoración del 1.100 aniversario, «una ventana abierta a la memoria; a lo que somos y podemos ser». «Debemos apoyarnos en la fuerza de ese pasado para seguir mirando a un futuro que deberemos seguir construyendo juntos, en paz, convivencia y democracia», concedió.

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