La crisis reemplaza a los temporeros extranjeros por desempleados de León
Aumentan las peticiones de parados locales que aspiran a alguno de los 4.700 contratos exprés de la cosecha

La familia de Benito Paz aprovecha la semana de vacaciones veraniegas para cosechar el lúpulo.
«Hace tres años tuve que tirar de una empresa de trabajo temporal para contratar mujeres inmigrantes porque nadie quería trabajar en el campo: se suponía que todo iba bien y que no faltaba de nada. Pero este año tengo el cupo de solicitudes lleno y, por primera vez desde hace mucho, son todas empleadas de estos pueblos». Marisol García Cancelo dirige un negocio familiar en Fresno de la Vega que envasa anualmente más de 60.000 tarros de pimientos de calidad, para lo que contrata temporalmente entre doce y trece mujeres, casi siempre de nacionalidad búlgara. «Si es que a las tierras no quiere venir ni dios», se queja. Pero este año parece que la situación ha cambiado. «A la gente se le han ido acabando el paro y las ayudas, también ha terminado la temporada de la hostelería y ahora quieren trabajar en el campo». No es una percepción individual. Cooperativas, empesas exportadoras, productores, sindicatos agrarios y sociedades de agicultores coinciden en que el fenómeno se está produciendo a gran escala en la recolección de todos los cultivos, vendimia incluida.
Y es que la cosecha todavía estimula un intenso movimiento laboral que se traduce en miles de contratos. El Observatorio Provincial de Empleo, dependiente de Ecyl, en función de los datos registrados en el 2009, estima que la agricultura generará este año en la provincia leonesa cerca de 19.000 contratos, de los que alrededor de 4.700 son exclusivamente de temporeros, lo que las estadísticas reflejan como «contratos eventuales por circunstancias de la producción» que se firman entre los meses de agosto y octubre. Todas las fuentes consultadas durante los últimos días coinciden en que es «imposible» tener un censo exacto de temporeros, por lo que los datos de contrataciones son por ahora la única referencia objetiva.
Menos, poco a poco. A pesar de que en el mes de agosto ya se ha notado un descenso de los contratos a extranjeros para la campaña agrícola -"ha bajado casi tres puntos respecto al 2009-", la población inmigrante acapara la mayoría de los trabajos. El 71% de los contratos realizados el pasado mes a temporeros correspondieron a trabajadores foráneos, procedentes mayoritariamente de Bulgaria, Rumanía, Portugal o Marruecos. Casi siempre tienen una duración inferior a un mes y corresponden, en su mayoría, a hombres, aunque eso depende del cultivo y de la actividad. «Aquí los hombres suelen estar en el campo y las mujeres hacen el trabajo de la fábrica», comenta un industrial del área de Valencia de Don Juan con más de 30 empleados extranjeros a su servicio.
Además de los contratos asignados estrictamente a temporeros, la agricultura, la ganadería y la caza generaron entre agosto y octubre del 2009 un total de 18.868 contrataciones, casi siempre por obra y servicio y con una duración indeterminada, según se desprende de los datos del observatorio. En este grueso, aunque son cifras prácticamente testimoniales, se incluyen los contratos de interinidad, relevo, prácticas y formación.
En la huerta de Fresno se da una mañana extraordinariamente calurosa. Detelin y Kalorn, dos primos búlgaros de 27 y 29 años de edad, recogen coliflores. Uno conduce la pala y otro carga las coles, lentamente, sin pausa. En Pleven (Bulgaría) tenían diez vacas, pero hace dos años y medio llegaron a León para trabajar en el campo. «Había venido un primo, luego un hermano, después otro primo... Ahora somos 25 en la familia en León», relata Detelin. «Aquí tenemos trabajo para todo el año», añade. Porque nunca dejan solo a su patrón. Están todo el año trabajando las sucesivas campañas y a partir de Navidad se van turnando para viajar unas semanas a su país. «Siempre se quedan diez o doce». El sueldo les da para vivir aquí y mantener a los de allí. «Pero todo esto se ha convertido en una locura -"lamenta Kalorn-". Antes con cien euros al mes vivían, pero ahora envías 300 euros y no les llega». Su intención, como la de todos los que rotan por estos campos, es construir vivienda propia en Bulgaría y volver.
No tabaco, no alcohol. «Para contratar a la gente se exigen tres cosas: higiene personal, no beber alcohol y no fumar», recuerda Francisco Morán, gerente de la empresa familiar Hermanos Morán, de Fresno de la Vega. «Al principio teníamos muchos problemas con eso, por lo tanto el tabaco y el alcohol ni dentro ni fuera». En su nómina tiene a 30 trabajadores rumanos, búlgaros y portugueses. Entre otros cultivos, explota 17 hectáreas de pimientos que reparte por todo el norte del país, «desde Bilbao hasta Galicia».
De momento, la llegada moderada de temporeros a León no convierte la vivienda en un problema. De hecho, la mayor parte de los que trabajan ya viven en el entorno rural donde después son contratados. El clan de familias búlgaras y rumanas que conviven en estos pueblos se reparten en tres pisos acondicionados para su estancia, por la que pagan individualmente una cuota mensual. En el Bierzo, donde la vendimia arrastra decenas de temporeros, también abunda este tipo de transacción.
Conservas Vega-Esla es otra de las empresas familiares que tira anualmente de temporeros para completar la cosecha y elaborar el producto. «El año pasado había una mujer española y doce búlgaras y este año tengo muchísimas peticiones de gente de aquí. La crisis se ha notado muchísimo y, claro, yo si tengo peticiones de gente que conozco es normal que les dé prioridad», explica con desparpajo Marisol García, gerente de la empresa.
Por convenio o por horas. En esta zona, casi todos los productores optan por pagar a los empleados en función del convenio regulador de conservas vegetales, que establece un sueldo de 1.200 euros brutos mensuales para una jornada laboral de ocho horas diarias. De hecho, la estadística facilitada por el Observatorio Provincial de Empleo confirma que los contratos a jornada parcial son prácticamente testimoniales en relación a los de jornada completa (18.579 frente a 289).
Unos kilómetros al norte se encuentra otra ribera muy productiva en esta época. El área del Órbigo vive un trasiego constante estos últimos días con la recogida del lúpulo. Según las previsiones de la SAE de Fomento del Lúpulo, se recogerán 960.000 kilos de este cultivo en las 469 hectáreas que se encuentran en plena producción. Y aquí está el contrapunto. En esta zona predomina la recogida de la cosecha en el ámbito familar. Aunque también es habitual la contratación de temporeros, abundan los trabajadores locales, «porque no todo el mundo sabe o puede dedicarse a esto», reivindica un campesino. No en vano, en la sociedad de productores se da prioridad a la población de la zona y de hecho casi todos los empleados que dependen de ella son españoles. En cuanto a los temporeros extranjeros, esta zona es receptora de inmigrantes marroquíes.
Es raro que la recogida de las trepas para su posterior secado se realice por la tarde, pero la familia Paz sólo tiene dos fines de semana y los cinco días que los unen para cosechar 2,6 hectáreas de cultivo, que acumularán una producción de 6.000 kilos en seco. Es el tiempo que duran las vacaciones de Benito, el cabeza de familia. «La gente saca dos remolques al día, pero nosotros doblamos jornada para acabar», explica. Hace tres años, en la zona «no se encontraba gente para trabajar, pero ahora ya no hay ningún problema», afirma.
Son las cuatro de la tarde y el calor es infernal. Benito, su esposa y su hijo se suben a un remolque. En un segundo vehículo van su hermano José, su cuñada y un pequeño sobrino. Pasarán la tarde recogiendo la cosecha que después será entregada a los grandes grupos cerveceros españoles.
El trasiego del Bierzo. Si hay un territorio con movimiento durante las semanas presentes es el Bierzo. Allí se ha notado más que en ningún otro lugar el desplazamiento de la población extranjera para ocupar puestos de trabajo eventuales en el ámbito de la cosecha. «Este año se está dando una situación nueva y es que sólo se ve gente contratada que son vecinos de los alrededores y, sobre todo, lo que nunca había visto y es mucha gente joven pidiendo trabajo por las tierras», indica la presidenta de la Asociación Berciana de Agricultores, María Eugenia Alba. Esta entidad engloba a más de 300 productores de pera, manzana reineta y castaña. Como en otras zonas agrarias de la provincia, «hace sólo unos años había gente que tenía problemas para encontrar empleados que contratar», revela. Pero hoy no ocurre nada de eso. De hecho las solicitudes para la recolección crecen en todos los ámbitos, pero ya casi todos los agricultores tienen apalabrados los puestos con las cuadrillas que han trabajado para ellos en otras campañas, por lo que apenas queda sitio para nuevos temporeros. Eso ocurre ahora con la pera, que se encuentra a media campaña, se trasladará a la manzana, cuya recogida comenzará previsiblemente la próxima semana, y culminará con la castaña en el mes de octubre.
El viñedo es otra cosa. El área de Cacabelos empezará a movilizar en los próximos días a decenas de temporeros. Muchos, más que otros años, también serán locales. Pero otros llegan sólo para estos días y tienen necesidades especiales de alojamiento. Ayuntamientos como el de Cacabelos llevan años poniendo a disposición de este tipo de empleados un albergue para acomodarse durante la campaña, pero la falta de medios para mantener las instalaciones obliga a mantenerlo cerrado durante la presente campaña, según informaron fuentes de la Concejalía de Cultura. «Al menos públicamente». Si existiera alguna iniciativa privada, el Ayuntamiento cacabelense estaría dipuesto a ceder temporalmente las dependencias.
Más indios que caballos. Pero parece que no será necesario. La oficina permanente del sindicato agrario Asaja en Ponferrada se ha visto desbordada durante las últimas semanas por la avalancha de desempleados que se han acercado a la sede para pedir trabajo. «No es una bolsa de empleo exactamente, pero atendemos las necesidades, que son muchas. Desde luego hay gran oferta de mano de obra, más que demanda», subraya José Antonio Turrado, secretario general de Asaja en Castilla y León. Pero no todos quieren o valen. «Apuntarse se apuntan todos, pero a la hora de la verdad lo que se necesita es mano de obra especializada o, al menos, si no tiene experiencia que venga con disposición», añade el representante de esta fuerza sindical. Se da la circunstancia de que todavía hoy se produce mucho abandono durante los primeros días del contrato. El perfil del temporero que ha acudido a estas oficinas es el de personas con una situación económica «complicada», describe Turrado, puesto que la gente «prefiere no interrumpir el paro a hacerlo para trabajar».. «Se empiezan a ver estudiantes, cosa que no pasaba desde hace mucho, pero hoy sigue siendo más probable ver al padre haciendo doce horas que a un hijo esforzándose unas semanas para sacar algo de dinero».
En el sur de la provincia leonesa se están viviendo singulares fenómenos laborales, también como consecuencia de la crisis. «Valencia de Don Juan ya no es un polo industrial que genera empleo», revela el secretario general de Ugal-Upa, Matías Llorente. No le falta razón. Casi todas las firmas del cordón industrial que emplea a gran parte de la población de la comarca han entrado en procesos de regulación o, en el mejor de los casos, han decretado despidos coyunturales. Tal es la cantidad de solicitantes de empleo, muchos de ellos con experiencia en el sector, que se está produciendo un segundo efecto: «Los titulares de las explotaciones pueden prescindir de trabajar durante una temporada porque ahora pueden contratar a alguien para hacer su trabajo; eso hace unos pocos años era impensable», subraya Llorente. Será que nunca llueve a gusto de todos.