Reportaje | l. urdiales / J. Campos
Acisa se une a la causa de su último minero
El pueblo se solidariza con Alberto Llamazares, vecino encerrado en Velilla

Acisa detuvo las fiestas patronales para solidarizarse con su vecino Alberto, minero.
Alberto Llamazares ya era minero cuando la desidia del gobierno socialista completó en 1991 -”con Hulleras-” la trilogía de la destrucción de la montaña oriental de León, la que había iniciado con Riaño y las minas de Valderrueda y La Guzpeña. Alberto Llamazares ya sabe de qué va este embarque de la reconversión y los políticos moviendo papeles en Madrid y Bruselas; igual que lo sabe el pueblo de Acisa de las Arrimadas, enclavado de la comisura de los valles leoneses arrasados por el abandono y la falta de alternativas. Acisa, que tuvo mineros por decenas, protagonizó ayer un detalle solidario con el último que resiste, que purga desde hace veinte días la pena de un oficio arrinconado entre la política y el dinero, encerrado con medio centenar compañeros de tajo en el Pozo las Cuevas, que explota Uminsa. Ahí está el minero Llamazares, seguro que sabedor de que sus paisanos detuvieron el baile vermú y las fiesta patronales por San Hipólito para recordarle que no va a estar solo en esa lucha; que la suya es una pelea colectiva y personal, que de su resistencia bajo cien capas de carbón depende el futuro de sus hijos y el futuro del tercio norte de la provincia de León, a partes iguales. Hasta el futuro de Acisa, ayer pertrechado al completo tras una pancarta limpia en la que colocó el corazón de los paisanos en letras grandes: Acisa con los mineros ¡Contigo Alberto!
Un mensaje para Alberto, para la patronal minera que no le paga, para la clase política que no resuelve, para la sociedad leonesa, tocada por la soberbia de creer que no hay otra realidad que la que llega a la esquina de casa.
Se paró el baile vermú en la fiesta del pueblo de Alberto Llamazares porque Alberto Llamazares no estaba en el baile. Si cada estamento que debe cumplir con los mineros atendiera a sus responsabilidad en el mismo grado que los vecinos de Acisa a la hija de Alberto Llamazares se le hubieran ahorrado las lágrimas y la congoja del padre ausente, a la familia la angustia, al pueblo el sentir por el vecino en apuros laborales y al sector el preludio de otro final traumático como el que sucedió en Hulleras. Aquellas consecuencias se grabaron a fuego en los municipios de La Ercina, de Cistierna, de Sabero; ahí siguen casi dos décadas después. Como Alberto Llamazares, víctima de aquel envite mortal a la provincia de León, todavía minero, que en un gesto generoso con Acisa se quedó; en vez de empuñar la maleta eligió empuñar de nuevo la barrena.