Carta a los mineros en marcha | pedro trapiello

Que os lo firmen

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pedro trapiello
León

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Q ueridos paisanos de una minería en el patíbulo:

De mil amores hago huelga hoy en mi vacación para haceros llegar unas letras debidas y para dejar constancia de mi admiración (y la de todos nuestros paisanos, espero) por la lección de dignidad y coraje que habéis venido escribiendo en el arcén de la carretera que os trae desde Laciana. Como si estuviérais haciendo el Camino de Santiago al revés, llegáis a la ciudad de León por la senda del clamor y lo hacéis de cara a las gentes y de culo al apóstol, quizá porque sabéis que vuestro jubileo no se puede ganar con rezos y lástimas ante las instancias celestiales de santa Bárbara, sino tronando ante las puertas del diablo de la guadaña que lleva años segándoos la hierba bajo los pies y que se dispone ahora a segaros el cuello expeditivamente como quien dice sanseacabó, caput a la minería. Ese diablo pretende mandaros a la mierda que se sirve en un futuro sin pan ni dignidad exiliándoos de la patria de vuestros padres (ya furacada, desmantelada o convertida en escombrera), como si anegaran vuestros valles con un pantano de asco y de pobreza que os conmina a ir haciendo las maletas y a coger a la mujer y a los hijos para buscar lejos un trabajo ahora imposible en tantos horizontes.

Hoy es la fecha para que hable desde Bruselas el oráculo tuerto de este diablo y tendréis toda la legitimidad del mundo para partirle la boca si os llega profetizando muerte, así que quizá vuestra peregrinación tenga que proseguir hasta Madrid o hasta el mismísimo palacio del Sursumcorda si persisten en seguir usando esa guadaña como pluma de oro para firmar leyes, decretos, cierres o finiquitos. Pero no estaréis solos.

Esta ciudad, a veces capital madrastrona para muchos de sus intereses provinciales, estará con vosotros, siquiera sea por la cuenta que le tiene, la que ha engordado históricamernte con vuestra renta laboral, así que vuestra desgracia no es sólo asunto vuestro. Perdemos todos. Algunos ya han perdido la mínima dignidad política y desde gobiernos y oposiciones su silencio es un aplauso a los verdugos que vienen con la libreta en la mano y el corazón en las cuentas. Acatan dictados de lejos porque se palpan sus intereses de cerca y pueden servir en bandeja la cabeza de cualquier Bautista si con ello hacen sonreir a esa Salomé algo putona que interpreta la «danza de los siete bancos».

Ciertamente, no son pocos los enemigos contra los que tendréis que luchar. El más cabrón se apellida Dinero y es parido a cada instante con el nombre de Presupuesto en los despachos lejanos donde se cuecen las habas gordas de estrategias eléctricas y energéticas que os sirven después con guarnición de calambrazos y hostión a los de siempre.

Ánimo, pues. Después de todo lo que llevan sacando en los dos últimos siglos de estas montañas, después de tanta gente nuestra hecha carne de cañón para ser engullida por la galería y el barreno, lo mínimo que deben a esta minería es una muerte digna. No puede quedarnos en la boca el sabor de haber mordido carbonilla viendo las cuencas mineras convertidas en la vergonzante trinchera desertada y desolada de otra batalla perdida. Porque han de saber todos que queda aún mucho tajo en todos esos valles: resistir, restituir, reparar, recolocar, reinventarse... Esta es la deuda y vuestro futuro está en cobrarla. Pero no os fiéis. Que os lo firmen, que os lo avalen... y que os vayan dando la «señal».

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Ánimo, suerte, buen camino y un abrazo cazurro.