Diario de León

El Gobierno teme que su posición sobre el Sahara frene la «escalada» del PSOE

Los socialistas buscan pequeños gestos para calmar a su electorado

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Paula de las Heras | Madrid
León

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La contención de España hacia Marruecos en el conflicto del Sahara está pasando una seria factura al PSOE. El impulso logrado por el cambio del Gobierno se está desinflando a marchas forzadas con un asunto que, como reconoció ayer el secretario de Organización del partido, Marcelino Iglesias, es «extraordinariamente sensible» para las bases socialistas y para el propio partido. Así lo sienten, al menos, destacados dirigentes y miembros del Ejecutivo. El problema, añaden, es que no hay mucho margen de maniobra.

El presidente del Gobierno ha sido muy claro en sus directrices sobre este asunto. En la primera reunión de la ejecutiva tras el desmantelamiento del campamento saharaui de Gdaim Izdik hizo un contundente llamamiento a la prudencia con el argumento de que las relaciones con Marruecos son un asunto de Estado. Sin embargo, en el PSOE buscan ahora un modo de contrarrestar la decepción y el malestar de sus simpatizantes con pequeños gestos.

El propio Iglesias hizo un esfuerzo tras la reunión de la comisión permanente de la dirección socialista y subió ligeramente el tono de las reclamaciones al país vecino. Del «pedimos contención» de la semana pasada, pasó a «exigir respeto a los derechos humanos». A eso hay que añadir las gestiones de la secretaria de Política Internacional del PSOE, Elena Valenciano, para tratar la cuestión con el Frente Polisario.

Valenciano se reunió ayer en París con Mohamed Beissat, representante de la organización saharaui en Europa, y la semana que viene celebrará en Madrid otro encuentro en el que está previsto que participen más dirigentes del partido. La foto será la cruz de la que podrá verse hoy en el ministerio del Interior: la del vicepresidente primero, Alfredo Pérez Rubalcaba, con su homólogo y responsable de las Fuerzas de Seguridad marroquíes, Taieb Cherkaui. Una instantánea que, de nuevo, preocupa. En el Gobierno aclaran que este encuentro nada tiene que ver con los incidentes de El Aaiún y que estaba programado desde mucho antes, pero no ocultan que echa más leña al fuego para quienes dentro del PSOE y en sus aledaños no logran comprender el empeño del Ejecutivo en no incomodar a los marroquíes. Y no son pocos.

Lo que se ve es sólo una muestra: la dimisión del navarro Carlos Cristóbal, que ha dejado las filas socialistas tras 23 años de militancia porque se siente «profundamente defraudado» con la actitud de su partido; la manifestación pro-saharaui del pasado sábado, llena de filosocialistas o socialistas de pro como el alcalde donostiarra Odón Elorza o los escritos de condena al comportamiento de Marruecos que han remitido a la ejecutiva federal agrupaciones como la de Alicante.

Contener el enfado interno será complejo porque ni el Gobierno ni la dirección del PSOE se plantean modificar la posición de fondo. La ministra de Exteriores, Trinidad Jiménez, se escudó en una entrevista en la cadena Ser en que «la contundencia y el tono altisonante» sólo servirían para hacer saltar por los aires la interlocución sobre el Sáhara y aseguró que España «siempre ha defendido la autodeterminación del pueblo saharaui». Pero negó que pueda hacer más, por ejemplo, liderar una posición común en la UE sobre este asunto.

El caso es que, de momento, no habrá condena oficial. Porque según el secretario de Organización, no hay que emplear «ningún término» que ponga en peligro el papel de España en la búsqueda de una solución.

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