Martín Villa: «Los nacionalismos vacían el Estado y el leonesismo no, es la diferencia»
«La mayoría de los españoles son contrarios a la reforma de la Constitución», afirmó el ponente

Rodolfo Martín Villa, Miguel Alejo, Isabel Carrasco, Francisco Fernández y Eduardo Fernández.
El ex vicepresidente del Gobierno, Rodolfo Martín Villa, manifestó ayer que la mayoría de los españoles son contrarios a la reforma de la Constitución y a la vez hizo votos por la unidad del Estado español. El que fuera ministro del Interior reconoce que es contrario al leonesismo aunque lo respeta, pero encuentra una diferencia básica con respecto a las corrientes nacionalistas: «No vacía al Estado».
Martín Villa se pronunció en estos términos ante un grupo de periodistas al término del acto de celebración del Día de la Constitución, que tuvo lugar ayer en el Palacio de los Guzmanes.
Antes, en su discurso, había sido explícito: «O desarrollamos la Constitución o la reformamos. Lo más difícil es lo que queda por hacer todavía pero creo que podemos asomarnos a este tiempo con optimismo». El antiguo presidente de Endesa reconoció que a veces visita un monolito erigido en una zona de Aragón, limítrofe con Catalunya, en recuerdo de la Batalla del Ebro, cuyo lema reza: «A los que perdieron la guerra Civil, que fuimos todos». «Yo creo que ahora mismo habría que hacer una inscripción similar que dijera: -˜A los que ganamos la Transición, que fuimos todos-™».
«Pienso que los españoles no quieren cambios profundos en la Constitución. Estamos de acuerdo en que la unidad de España es la base de la soberanía nacional, sin perjuicio de que luego cada región tiene sus características. Pero nadie discute ni la monarquía ni la soberanía del pueblo. Los derechos y las libertades son el tronco fundamental de la Constitución».
Consideró fundamental hacer frente al chantaje nacionalista, unificar criterios en Educación, reformar la Justicia para apartarla de todo halo político y clarificar la financiación de los partidos políticos.
«Gobiernos de uno y otro color político han tenido que ceder a las presiones y los chantajes de los partidos nacionalistas. Pero ahora es tiempo de cambios. Y al hilo de la situación económica, es una etapa en la que convendría ahorrar y convertir a las Diputaciones en sucursales de las administraciones autonómicas».
El ponente echó de menos «más complicidad en la clase política. Había miedo de que la democracia trajera falsos fantasmas del pasado como la Memoria Histórica y ya se ha visto que no es así. Hubo buenos vasallos, pero también hubo buenos señores. De situaciones excepcionales han surgido siempre políticos excepcionales y Suárez, Felipe González, Fraga y Carrillo son la mejor muestra de aquello. España debe una enorme gratitud a los cuatro. Hoy, sin embargo, la oposición se dedica a criticar la situación económica del país, pero no plantea una sola propuesta alternativa. Nosotros tuvimos en 1975 una tasa de paro del 25%, pero podíamos variar los tipos de interés o devaluar la peseta. Hoy, esas decisiones se toman en la Unión Europea».
A su juicio, hay pocas cuestiones que tocar en el texto de la Constitución: «Lo que hay que cambiar es el marco, si acaso. Desde junio de 1977 no hay un solo preso político en las cárceles ni queda ningún exiliado. UCD fue más una empresa de la Transición que un partido y ante la consecución del objetivo social para el que había sido creada, se disolvió, como ocurre con las empresas».
Llamó la atención sobre la situación socio-política que comporta la actual pirámide de población: «Los primeros españoles que tuvieron derecho al voto, tienen hoy 50 años. Eso significa que hay un importante porcentaje de población española e manos de la cual está el porvenir y que no vivieron aquellos años, desde la muerte de Franco hasta la llegada de Suárez a la presidencia».