León

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Lo peor de un picnic es que sea lo contrario a algo divertido. Y si se ha de practicar en el centro de una gran ciudad, en la mismísima Castellana, frente al Ministerio de Industria, en un bulevar rodeado de furiosos tubos de escape al mediodía de Madrid, está claro que si se hace es por algo. Eran los mineros. Seis autobuses de León, diez de Asturias, uno de Palencia y otros compañeros de Aragón, a vueltas con las reivindicaciones de un colectivo que solo pide una cosa: futuro. Sonaron petardos en la Castellana, cohetes de artificio, silbatos, ruido. Tensión pacífica para gritar bien alto que los mineros no quieren que se mueran sus comarcas. La historia es sabida: futuro para el sector minero, futuro para que el sector energético español autóctono tenga músculo y no sea dependiente, futuro para las comarcas que acogen estas industrias. Pero para los mineros, con las nuevas decisiones de Bruselas, el futuro será menguante. Peor que el previsto. Por eso: «Tenemos la obligación de advertir y dejar claro que estamos en contra de todos los perjuicios a los que nos exponen y someten los gobernantes». Lo dice Juan Carlos Álvarez Liébana, secretario de Industrias Extractivas, responsable del sector a nivel estatal, que se acerca a la valla del Ministerio de Industria y le dicen que les recibirán. Luego, más tarde, sale decepcionado, porque solo ha podido entregar un comunicado y no ha pasado del registro.

A las 13.45 horas se oyó la detonación de un cohete como esos que se tiran en las fiestas de los pueblos. Los mineros ya estaban en Madrid y la seguridad en torno al ministerio que preside Miguel Sebastián se cerró y llenó de policías de todo tipo. En ese merendero improvisado, rodeados de pancartas, y constantemente a ritmo de petardos, también estaba Alberto González Llamas, secretario general de la Ejecutiva Federal de León. Todos comparten el discurso de ayer, al que no se quiso sumar UGT, por cierto: «Mientras no esté dicha la última palabra, siempre habrá la oportunidad. Tenemos que reiterar que esto no vale, que es nefasto. En Castilla y León, en donde el sector es de gestión privada, está claro que el final llegará antes de 2018. Tendrá unas consecuencias nefastas para el empleo. La reducción de ayudas será de más del triple y la situación, por tanto, insostenible», relata González.

Así, de esta forma, el futuro se contrae y, por ejemplo, no respeta ni a jóvenes ni a veteranos. De la Hullera Vasco Leonesa están Héctor García, 30 años. Ocho, trabajando en la mina. O José Rodríguez, 37 años y desde los 19 en la mina. No tienen aspecto de mineros quemados, agotados por su propio trabajo, sino de hombres más o menos jóvenes, de su tiempo, incluso con un toque de modernidad. Pero la mina marca y están concienciados: «Que arranquen las térmicas y dejen de traer la energía de Francia», reivindican. Pero hay una pregunta que en su caso merece más de una reflexión. ¿Qué van a hacer ellos cuando todo se acabe? «Hay que pensar en un futuro para las comarcas. Ahora mismo, a cualquiera de nosotros que pida un crédito para un negocio, nos dicen que no. ¿Cuál es entonces el futuro?», también preguntan ellos. Y ahí quedan entre alguna que otra bota de vino, y bocadillos de tortilla, lomo, bollos preñaos, empanada… Pero hay poco apetito festivo entre los mineros.

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