Los controladores se quedan sin razones para negociar su futuro con el Gobierno
La huelga de la semana pasada les deja en un callejón sin salida frente a Fomento
El 3 de diciembre supone un punto y aparte sin retorno en la siempre complicada relación entre los controladores aéreos y Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (Aena). Hasta ahora, la cuerda no había hecho sino tensarse, quizá demasiado. Hasta el punto de que en agosto casi se rompió por completo con la que hubiera sido la primera huelga legal del colectivo en toda la historia.
Ahora, todo es muy distinto. En apenas 20 horas, las que permaneció cerrado el espacio aéreo español mientras decenas de miles de pasajeros clamaban justicia tirados en los aeropuertos, los vigilantes del cielo han dilapidado los pocos argumentos con que podían contar. La sociedad está en su contra, y el Ejecutivo les ha trasladado un serio aviso a navegantes: puede jugar fuerte; muy fuerte.
El verdadero miedo del sindicato de controladores, el Usca, lejos del salario o las horas a trabajar a lo largo del año, es la desaparición de su monopolio, tanto de las operaciones en las torres de control como en el acceso a la profesión. Un control que había permitido a los controladores -˜marear-™ a todos los Gobiernos de uno y otro color. Hasta ahora. Se han excedido y lo saben. Queda por ver si lo han asumido. Con los vigilantes del cielo cegados por un exceso de soberbia fruto de la eterna sensación de que nadie sería capaz de frenarlos, Aena y sus responsables esperan tranquilamente a que vuelvan al -˜redil-™. La militarización no es eterna y habrá que cerrar algún día el segundo convenio colectivo.
Todos tienen claro que ese pacto estará a años luz del primero, basado en unos privilegios fuera de toda lógica, del que son responsables todos los ministros de Fomento hasta el actual. Blanco aseguró sólo una semana después de tomar posesión que «metería mano a los controladores». Y ha cumplido. Aunque son muchos los que critican sus formas. El recurso a los militares y la declaración del estado de alarma, en un proceso en el que Blanco cedió todo el protagonismo a Alfredo Pérez Rubalcaba, ha levantado ampollas. Sin privilegios. A golpe de real decreto ley, el ministro de Fomento ha cercado a los controladores, que aún se creían intocables. No era para menos
Desde 1999, cuando en diciembre firmaron su primer convenio para sólo unos días después ampliarlo mediante numerosas horas extra (pagadas al triple que la nornal), los antecesores de Blanco, habían resuelto los problemas con Usca de la misma manera. A golpe de chequera.