El invierno en el que los fantasmas de Sabero se mudaron a Villablino
Los inviernos leoneses son largos, fríos y temidos, sobre todo en Laciana. Las estaciones en el valle ya no se suceden con el impulso del eje terrestre sino al golpe de «nota de la empresa» en los tablones de los vestuarios de las minas. El invierno pasado las eléctricas se plantaron y dejaron de quemar carbón, en la primavera se cosecharon los primeros impagos, la tormenta reivindicativa del verano regó con el sudor de los mineros las carreteras de los pueblos y en el otoño han llovido los Expedientes de Regulación de Empleo. El miedo al invierno en Laciana se presupone.
En Villablino se repiten las imágenes que congelaron la montaña oriental leonesa a principios de los años noventa del siglo pasado. Dejaron de llegar los trenes que años atrás llevaron el progreso y forraron el paisaje de acero y carbón. Cuando la crisis de aquellos años cerró las minas de Sabero, el silencio acalló a la dinamita y los fantasmas relevaron a los mineros. El museo de la minería de Sabero da fe de aquella época y arroja un poco de luz a las sombras que han negado el Sol a dos generaciones de hijos de la montaña oriental leonesa.
Esos fantasmas han comenzado ya a mudarse a Villablino, a ocupar el espacio que han dejado muchos trabajados y los retirados que siguen con preocupación la evolución del conflicto desde sus retiros en zonas costeras.
La presión social ya es agobiante en Villablino y en los pueblos del entorno. Dicen que la única oportunidad de futuro que hay ahora en Caboalles es poner una tienda de maletas.
Las inversiones ordinarias que tenían que hacer las administraciones con cargo a sus presupuestos generales -carreteras principalmente- se han tragado la financiación procedente de los Miner y de otros fondos de compensación sin que se crearan con ello nuevas oportunidades para cuando se acabara la bonanza económica.
Ahora los lacianiegos se preguntan qué queda de su legado para sus hijos y qué futuro les van a dar. Muchos piensan que si cierran todas las minas sólo quedaran fantasmas y hojas de calendario sin pasar.