Diario de León

Iliana Robledo Bandomo psiquiatra

Una médica cubana que cuidó ancianos para sobrevivir

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Robledo Bandomo son apellidos asturiano y canario, como los abuelos de Iliana, psiquiatra de 44 años que salió de Cuba en marzo del 2008 con una beca para el Hospital Universitario Central de Asturias y un objetivo que no figuraba en su visa. Querdarse en España, más allá de los tres meses estipulados.

«En Cuba estaba frustrada como profesional porque económicamente no nos abastecemos y quise probar a quedarme, aun sin papeles, para establecer mi vida con otra calidad». El sueño de cualquier inmigrante.

Las amistades cubanas la trajeron a León y la necesidad de conseguir un permiso de residencia la llevó a aceptar un primer empleo como interna en Luyego de Somoza. «Estuve un mes, pero me deprimí porque perdí a mi padre estando allí y no poder velarlo fue un duro golpe», confiesa.

Regresó a León y aceptó un nuevo empleo en el servicio doméstico. Hizo noches en hospitales cuidando a enfermos, alquiló un piso para compartir y comezó los trámites para homologar su título de Licenciada en Medicina.

Se tuvo que armar de paciencia para afrontar dos años de trámites burócraticos en la distancia y «trabajar muy duro» para pagar los 2.000 euros que le cobraron en su propio país. «Recaudé mi dinero, lo mandé a Cuba y tuve que nombrar una asesora jurídica del Ministerio de Asuntos Exteriores y el 29 de mayo de 2009 tenía el título, pero aún me faltaba el certificado de experiencia profesional», explica. No consiguió la homologación hasta febrero del 2010.

Su titulación en Cuba es la especialidad de Psiquiatría de adultos, pero para homologar la especialidad tendrá que repetir otra gesta burocrática. «Los trabajos que realicé cuidando a personas mayores me han servido de mucho porque he conocido las costumbres de aquí y me han abierto otras puertas».

Con el título en la mano empezó a buscar trabajo en la medicina, pero sin papeles no había forma de conseguir un contrato. Su oportunidad llegó en agosto, cuando el Centro de Hemoterapia y Hemodonación de Castilla y León en Soria reclamaba con urgencia un titulado en medicina. Al ser una profesión de difícil cobertura logró un permiso, gracias a la mediación ante el Gobierno de una persona conocida. «Ahora estoy a full , como dicen en mi país: trabajo en dos residencias de ancianos de Mensajeros por la Paz en La Bañeza y Brañuelas, hago sustituciones y los jueves paso consulta en el Centro de Atención a Drogodependientes de Cruz Roja», explica.

Desde enero trabajará en el CAD en jornada de cinco horas (1.150 euros más Seguridad Social) y buscará en residencias cercanas para seguir ayudando a su familia en Cuba. Su objetivo es conseguir la ciudadanía española y traer a su hija de 14 años y a su esposo y tener la oportunidad de acceder a trabajos en Sacyl. «Ahora me siento muy bien porque mi especialidad atiende a drogadictos», dice sobre su nuevo trabajo.

Su proyecto migratorio, aclara con agradecimiento, no se hubiera cumplido sin la ayuda de dos personas: Amelia Santos, presidenta de Damas Salesianas, que es como su ángel de la guarda en León, y Puri Flores, maestra en el colegio Santa Teresa. Cuidó a su padre durante meses.

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