Diario de León

El rechazo a Cascos evidencia el avance de Rajoy hacia una renovación en el PP

El líder -˜popular-™ ya prometió en el 2008 un cambio en la estructura del partido

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antonio montilla | madrid
León

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El azucarillo se disolverá y el café acabará por enfriarse. La determinación de Mariano Rajoy a la hora de apostar por la desconocida Isabel Pérez-Espinosa en detrimento de Francisco Álvarez-Cascos, lejos de provocar vértigo a los miembros de la dirección del PP, ha redoblado la confianza que profesan en su líder.

El presidente de los populares prometió en el 2008 que renovaría las estructuras del PP, algunas de ellas desvencijadas, y está cumpliendo sin inmutarse. Mantiene el rumbo aunque eso suponga tener que dejar en la cuneta a antiguos y todopoderosos dirigentes como Álvarez-Cascos al que no salvó ni el explícito apoyo de José María Aznar o Esperanza Aguirre. Es cierto que en esta controversia se han sumado otros imponderables, como que el ex secretario general cuenta con muy pocos aliados en la actual ejecutiva del PP y, además, la reticencia de Rajoy a que florezcan nuevos barones o baronesas territoriales que puedan entorpecer el último tramo hacia la Moncloa con alguna declaración alejada de su principal credo, el centro reformista.

Los nostálgicos del aznarismo han descubierto, o constatado, en los albores de este 2011 que su tiempo, sencillamente, ya pasó. Sólo queda reinventarse o probar suerte en aventuras sin la mullida red de la marca PP. «La sociedad española del 2011 no es la misma que la de 1996», defiende un miembro de la dirección nacional para justificar esta nueva versión popular. Eso sí, sin mojarse sobre si ya se puede hablar de un partido cien por cien -˜marianista-™. El PP del 2012 será una formación sin arrugas. Una etiqueta que, más allá del relevo generacional, se refiere a sustitución de algunos de los -˜naftalínicos-™ planteamientos que la vieja guardia del PP defendió a capa y espada.

1397124194 Ruptura o transición. Otros dirigentes populares prefieren rebajar el grado de rejuvenecimiento de los mandos del partido. «En el debate entre ruptura y transición, la actual dirección del PP optó por la transición». Una tesis que avalan con el hecho de que en la Ejecutiva Nacional del PP se encuentran personas, aparte del propio Rajoy, que tuvieron un destacado papel en los Gobiernos o en el aparato -˜aznarista-™ como Javier Arenas, Ana Mato, Federico Trillo, Pio García Escudero o González Pons.

El -˜plan renove-™ que el líder popular impulsó hace dos años en el congreso de Valencia tuvo unos inicios titubeantes e, incluso, peligrosos para la continuidad de Rajoy en su cargo. «Cuando renuevas los partidos hay que procurar hacerlo añadiendo, no eliminando; las renovaciones se hacen por adición, no por extinción», respondía José María Aznar al inesperado movimiento de su delfín en las vísperas del cónclave de Valencia

Una contienda entre el nuevo y el viejo centrismo que enervó a Aznar hasta el punto de hacer constar en su discurso de despedida en Valencia que nunca había llegado a comprender «esa idea del centro como final imposible de un viaje interminable. Nunca, a nosotros nadie nos tiene que enseñar el camino el centro. No vamos al centro; estamos en el centro como mínimo desde 1989».

Lo que está claro es que Rajoy seguirá en sus trece, sobre todo tras su última intervención ante el comité ejecutivo nacional, celebrada el pasado 29 de noviembre. «Ha quedado demostrado que los cambios que se plantearon eran unos cambios que han sido útiles, necesarios y han funcionado bien», destacó. Y por si había quedado alguna duda del mensaje que quería transmitir añadió: «A la luz de las convocatorias electorales que se han producido, creo que debemos mantener la línea que hemos mantenido a lo largo de estos dos años y medio».

El ejemplo del truncado aspirante asturiano es el último y tal vez el más grave porque se ha dado de baja tras 34 años de militancia, pero ni mucho menos es el único. En los dos últimos años, otros antiguos ministros como Eduardo Zaplana, Josep Piqué o Juan Costa han optado por convertirse en militantes de base ante sus discrepancias con el actual rumbo del PP.

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