Interior opta por defender que nadie de la cúpula conocía el chivatazo

Rubalcaba intenta blindar el ministerio con una -˜versión oficial-™ de negación total

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melchor sáiz-pardo | madrid
León

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Interior ya tiene elaborada una primera versión oficial sobre el chivatazo a ETA. Sus argumentos se han repetido en los últimos días en la Audiencia Nacional y en el Parlamento: nadie del ministerio pudo estar detrás del soplo al aparato de extorsión de la banda terrorista el 4 de mayo del 2006 porque nadie de la cúpula del departamento que dirige Alfredo Pérez Rubalcaba sabía si quiera que se iba a llevar a cabo una operación contra el impuesto revolucionario. Y menos aún que iba a ser detenido un alto cargo del PNV. Es más, según las últimas respuestas de los mandos de la lucha antiterrorista ante el juez y del propio Rubalcaba al PP en el Congreso, Interior sólo supo que la redada contra los recaudadores de ETA había tenido que aplazarse por una delación policial 72 horas después de que se produjera el famoso chivatazo.

Según han desvelado fuentes del caso, el Ministerio del Interior ha decidido elaborar una estrategia de defensa, casi de proceso judicial, a la vista del cariz que ha tomado la investigación sobre el soplo en las últimas semanas y, en particular, después de que el juez Pablo Ruz apuntara durante unos días al secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, a cuenta de sus llamadas los días de la delación. La táctica, en cuyo diseño han participado juristas y consejeros parlamentarios, es simple: establecer una suerte de cordón sanitario en torno a los tres imputados -”el ex director del Cuerpo Nacional de Policía, el jefe superior en Euskadi y un inspector-” y otros mandos imputables a fin de que nada pueda salpicar a la cúpula de Interior.

Toda la estrategia pasa por esgrimir que toda la información, no sólo sobre el chivatazo, sino sobre la operación contra los recaudadores del Faisán, se cortocircuitó por motivos que se desconocen y que se quedó entre los funcionarios y los mandos de la lucha antiterrorista o, a lo sumo, llegó al entonces director de la Policía y hoy imputado, Víctor García Hidalgo.

Es más, según consta en la batería de 270 respuestas que Rubalcaba ha remitido al diputado del PP Ignacio Gil Lázaro, el máximo responsable policial de la lucha antiterrorista, el comisario Telesforo Rubio, no informó del chivatazo a Camacho hasta tres días después, una vez dio parte del soplo al entonces instructor del caso, Fernando Grande-Marlaska, quien apartó inmediatamente a Rubio de la investigación al creer intolerable la dilación en hacerle partícipe de un caso tan peliagudo.

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Desconocimiento. La versión de Interior pasa por defender el absoluto desconocimiento de Rubalcaba y Camacho de los detalles operativo, aunque ello suponga admitir sin ambages que sus subordinaron les hurtaron numerosa información que, en principio, dada su trascendencia debían saber: que se iba a desatar una más que relevante operación antiterrorista en plena tregua que involucraba a empresarios extorsionados; que la redada afectaba también a Francia hasta el punto de que estaba coordinada por la juez Laurence Levert; y que durante el dispositivo estaba previsto la detención de un destacado dirigente del PNV. La tesis es simple: si desconocían la operación, no pueden estar relacionados ni lejanamente con el soplo.