Reclama una campaña electoral sin «rifirrafes» y centrada en el empleo
Pedir a un partido político que no haga una campaña de «rifirrafe» es como pedir a un niño que renuncie a las chucherías. José Luis Rodríguez Zapatero hizo, sin embargo, ese ejercicio inútil en el acto de clausura que dio el pistoletazo de salida a la carrera para las elecciones municipales del próximo 22 de mayo.
El jefe del Ejecutivo defendió que eso «no es lo que necesita España» y que lo que hace falta es una campaña por el «empleo», pero ni uno solo de los intervinientes en la convención pudo resistirse a dar tralla al PP. Ni siquiera él.
Ejemplos hay muchos. El presidente de Andalucía, José Antonio Griñán, lo intentó durante su intervención con una frase de autoelogio: «Las reformas son parte esencial de la cultura progresistas», dijo. Pero sucumbió en el remate: «La contrarreforma es propia de la derecha». Y ya para terminar de calvar el clavo: «Llevan en sus genes el espíritu de Trento; son contrarrevolucionarios».
Más. El acuerdo social demuestra, a su juicio, que los socialistas están «comprometidos con España mientras otros callan esperando que la crisis les haga el trabajo» o «el PP vive aliado con la crisis; se muestra feliz cuando sube el paro y coge un cabreo de narices cuando sindicatos y empresarios pactan para combatir el desempleo». Se acerca a José Blanco cuando afirmó que Mariano Rajoy es «incompatible» con al democracia.
Otro que también atacó al PP fue el candidato del PSOE a la Alcaldía de Madrid, Jaime Lissavetzky, quien advirtiói el riesgo de que el alcalde madrileño, Alberto Ruiz Gallardón, gane las próximas elecciones municipales y avisó de que «no se puede dejar la caja a aquel que la ha vaciado».