Diario de León

Ujieres, policías y taquígrafos compartieron las 18 horas

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antonio del rey | madrid
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No sólo había diputados en el hemiciclo cuando Tejero y sus guardias civiles asaltaron el Congreso el 23 de febrero de 1981, también había ujieres, taquígrafos, policías, que compartieron con los parlamentarios muchas horas de miedo y angustia. Cuando se escuchó el «¡Al suelo todo el mundo!», Estrella Domínguez, estenotipista, transcribía con su máquina la votación de la investidura de Calvo Sotelo; Juan Luis Herráiz, encargado de mantenimiento, atendía tras la última fila de escaños a unos camarógrafos extranjeros; el letrado Diego López Garrido estaba a punto de marcharse desde su asiento al lado de la Presidencia.

Treinta años más tarde, la estenotipista recuerda que al escuchar los tiros sintió «terror y pánico», tanto que tuvo que pasar tiempo para que pudiera volver a entrar en el hemiciclo a trabajar, del susto que le daba.

Herraiz logró escapar por los pasillos interiores de la Cámara hasta llegar a un habitáculo donde se grababa el desarrollo del pleno en un sistema de vídeo doméstico. Cuando se interrumpió la señal, él y un compañero se ocuparon de guardar la cinta de vídeo en una caja fuerte.

Se dio por muerto. La mirada perpleja de López Garrido, que es ahora secretario de Estado para la UE, aparece en las fotos del asalto de Tejero, en segundo plano tras el presidente de la cámara, Landelino Lavilla. Cuando les obligaron a tirarse al suelo y oyó disparos pensó que estaban matando a los diputados y que el siguiente iba a ser él. No llegó a sentir miedo porque, directamente, se dio por muerto.

Las imágenes de televisión del 23-F permiten observar cómo los dos taquígrafos que tomaban notas en la mesa central del hemiciclo y la estenotipista que tecleaba en su máquina se esconden bajo el mueble, a gatas, mientras las balas salen de los subfusiles. «En ese momento pensé que eran terroristas de ETA disfrazados de guardias civiles, con lo cual tenía mucho más miedo; un golpe de Estado era malo, por supuesto, pero no iba contra nosotros, iría contra diputados, el Gobierno... pero la ETA no respetaba a nadie», rememora ahora Estrella Domínguez, ya jubilada.

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